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Cultura·

Paquito D’Rivera y Anat Cohen conquistan al público del festival de jazz en Andorra

El saxofonista cubano y la clarinetista israelí cautivaron una sala llena en Prat del Roure con improvisaciones vibrantes, homenajes interculturales y ritmos latinos. D’Rivera celebró el evento como especial y bromeó sobre su regreso tras décadas.

Claves

  • Paquito D’Rivera lideró quinteto con Anat Cohen como invitada en el 42º Festival Internacional de Jazz en Escaldes-Engordany.
  • El recital incluyó improvisaciones, tributos a Chick Corea y Mozart, ritmos latinos y una ovación de pie.
  • D’Rivera regresó desde 1986, elogió Andorra y defendió la esencia improvisadora del jazz.
  • El set contó con temas brasileños de Cohen y un dúo final en 'The Mooch' con mensajes de unidad.

Paquito D’Rivera y Anat Cohen lograron un triunfo con el cartel agotado en el 42º Festival Internacional de Jazz Andorra Escaldes-Engordany el sábado por la noche, cautivando a una sala llena en el Prat del Roure con un estilo improvisacional, ritmos latinos y homenajes interculturales que merecieron una ovación de pie.

El saxofonista y clarinetista cubano dirigió un quinteto con la clarinetista israelí como invitada especial, junto al pianista Alon Yavnai, el vibrafonista Sebastian Laverde, el bajista Oscar Stagnaro y el batería Mark Walker. D’Rivera, que regresaba a Andorra desde su actuación en 1986 con una orquesta formada por Dizzy Gillespie, calificó el Principado como una parada “singular” y “muy bonita” en su variada gira europea. En el escenario, expresó una fingida frustración, bromeando con que los organizadores habían tardado demasiado en invitarle de nuevo y diciendo que quizá tuviera que quedarse para que no se olvidaran de él otra vez.

Antes del concierto, D’Rivera destacó la actuación como especialmente querida por la presencia de Cohen, a quien eligió tras la retirada por motivos de salud del pianista Chucho Valdés. Subrayó la improvisación como la esencia del jazz —“uno de los elementos fundamentales es que no sabes qué va a pasar”— y confirmó que alternaría saxofón y clarinete, como esperan los fans. El artista deseó que el público se fuera con una sonrisa, llevando mensajes de amor y cultura.

El set abrió con el homenaje de D’Rivera a Chick Corea, “Chick”, seguido de una rara pieza puertorriqueña, “María Cervantes”, que dijo que quizá no se repitiera nunca. Un vals venezolano honró a las víctimas de un terremoto, provocando aplausos tempranos. D’Rivera bromeó después diciendo que una investigación había revelado el “verdadero” lugar de nacimiento de Mozart en Nueva Orleans, antes de interpretar el segundo movimiento del concierto para clarinete que mutó en “Hola don Pepito, hola don José” entre risas.

A mitad del concierto, Cohen brilló con temas de influencia brasileña como “Curumin”, “Mood Indigo” y “Chorinho pra elle”. D’Rivera alabó su “tremendo dominio”, señalando que demostraba que “no hace falta ser austriaco para tocar a Mozart” ni para abrazar el samba con autenticidad. El final trajo su dúo en el “The Mooch” inspirado en Harlem y la samba de D’Rivera “Para Brenda con amor”, dedicada a su esposa —quien, según dijo, le insistió una vez en que la compusiera—. Antes de cerrar, reflexionó con tristeza sobre el odio y la violencia global, contrastándolos con el poder de la música para entretener y unir más allá de la política, las fronteras o las banderas.

El concejal de Cultura de Escaldes-Engordany, Valentí Closa, dio la bienvenida a la participación de D’Rivera, subrayando el papel esencial de la cultura en tiempos difíciles. El concierto se convirtió en el plato fuerte del festival, dejando al público en pie.

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