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Cultura·

El artista andorrano Francisco Sánchez inaugura exposición inspirada en sueños

Francisco Sánchez presenta 12 pinturas metafísicas en la galería Mama Maria, extraídas de sueños lúcidos y visiones de futuros lejanos que difuminan el sueño

Sintetizado a partir de:
Bon Dia

Claves

  • Exposición de 12 pinturas de dos años de sueños lúcidos y premoniciones en Mama Maria hasta el 25 de mayo.
  • Debut de figura humana en *Y soñé que estaba despierta*, evocando a Dalí.
  • Motivos recurrentes: monolitos, megastructuras, ruinas futuristas como naves NASA sumergidas.
  • Primer uso del color en tríptico rojo y paisajes azules, con influencias de Chirico y Blake.

Francisco Sánchez, artista andorrano conocido por sus visiones metafísicas, inaugura hoy una nueva exposición en la galería Mama Maria, que permanecerá abierta hasta el 25 de mayo. Las doce pinturas, fruto de dos años de trabajo, se inspiran en sus sueños lúcidos y premoniciones de futuros lejanos, difuminando los límites entre el sueño y la vigilia.

La pieza destacada, *Y soñé que estaba despierta*, supone la primera incursión de Sánchez en la figura humana a lo largo de su carrera. Representa a una joven que acaba de despertar, proyectando imágenes oníricas a través de una ventana en un estilo reminiscente de *Noia de la finestra* de Dalí. El artista describe experiencias en las que adquiere conciencia dentro de los sueños, navegándolos con una claridad imposible, momentos que entrena para inducir de forma regular.

Estas visiones forman el tema central de la exposición: ¿y si la realidad percibida es en sí misma un sueño vívido? Sánchez explora esto a través de motivos recurrentes como monolitos imponentes, inspirados en *2001: Una odisea del espacio* de Kubrick, junto a megastructuras en ruinas, vías de tren, farolas y ruinas ciclópeas de civilizaciones no nacidas. Evoca futuros vislumbrados en estados alterados, como naves espaciales de la NASA del siglo XXIV sumergidas en las profundidades del Pacífico o la roca de Enclar seccionada por manos humanas, con Sant Vicenç encaramado en lo alto.

El color aparece de forma discreta por primera vez: el rojo acentúa un tríptico, *Estructuras en el mundo de los sueños deseados*, que muestra vastas cámaras vacías de sueños megalómanos; el azul domina *Meditación sobre fondo azul* y *La mística de la llum*, un paisaje inusual del segundo lago de Tristaina al amanecer, donde la luna persiste mientras el sol rompe y las sombras ondulan sobre el agua.

La técnica de Sánchez sigue siendo distintiva, más dibujo que pintura, con carbón, blanco y negro, y goma de borrar para revelar apariciones nocturnas. Obras como *La cara oculta* y *Organismo pétreo* presentan estructuras erosionadas por cataclismos o eones, evocando los xenomorfos de H.R. Giger o las escaleras imposibles de Escher, inspiradas en ondas de piedra en un lago que imitan la doble hélice del ADN. *Paisaje onírico* captura montañas escarpadas, aves negras girando en torno a un tótem monolítico en un rito chamánico.

Cada lienzo actúa como un portal a otra dimensión, consolidando la reputación de Sánchez como el pintor más esotérico de Andorra, fusionando la metafísica de Chirico con el misticismo de Blake, y adentrándose también en pesadillas.

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Fuentes originales

Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: