Cristina Fernández se retira tras 34 años saludando a los escolares andorranos
La querida educadora española se despide con emoción de la Escola Andorrana de Santa Coloma tras décadas de servicio, manualidades y dedicación.
Claves
- Menor de 10 hermanos, se instaló en Andorra a los 19 tras casarse; pasó de hospital a educación vía Campeonato Mundial de Petanca de 1990.
- Empezó en barracones temporales con método Montessori; catalán autodidacta, creó materiales escolares, logo y decoraciones.
- Testigo de la expansión escolar andorrana, con énfasis en diversidad, apoyo a necesidades especiales e individualidad.
- Señala desafíos de implicación parental; jubilación marcada por emotiva despedida de un pequeño de preescolar, planes de tiempo familiar con visitas a la escuela.
Cristina Fernández se retira tras 34 años en la Escola Andorrana de Santa Coloma, donde se convirtió en una presencia familiar saludando cada mañana a los niños por su nombre con una cálida sonrisa.
La menor de 10 hermanos de León, que vivía originalmente en el País Vasco, Fernández llegó a Andorra por casualidad como joven que visitaba a una amiga. Conoció a su futuro esposo, se casó a los 19 años y se instaló de forma permanente, lo que ella califica como la mejor decisión de su vida. Inicialmente trabajó en diálisis en el antiguo hospital, pero su camino cambió durante el Campeonato Mundial de Petanca de 1990, donde ayudó en la organización y promoción. El éxito del evento llevó a Roser Bastida, entonces directora general de los centros educativos andorranos, a reclutarla para el sistema educativo.
Empezó en barracones temporales en Escaldes-Engordany, trabajó sin libros de texto siguiendo el método Montessori. Ilustró materiales, obtuvo el nivel C de catalán, gestionó suministros y sustituyó en clases de primaria. Sus habilidades manuales destacaron: diseñó el logo de la escuela La Mochi y recientemente creó maletas de viaje, un buzón de Papá Noel, una máquina de castañas con forma de tren y decoraciones festivas.
A lo largo de las décadas, fue testigo de la expansión de la red escolar andorrana con centros de primaria en Sant Julià de Lòria, Escaldes-Engordany y La Massana. Las escuelas han seguido abiertas a los recién llegados y a los alumnos con necesidades especiales, enfatizando el respeto a la diversidad y la individualidad.
Fernández destaca una mayor implicación parental como el principal desafío actual. Con horarios laborales exigentes, los padres a menudo luchan por participar, dejando lagunas en el tiempo de calidad. Niños de tan solo tres años a veces esperan horas para que los recojan durante la enfermedad, y anhelan la presencia de sus padres en los eventos escolares para sentirse valorados. El personal, dice, a veces actúa como madres de sustitución —o en su caso, abuelas— mientras vigila problemas externos.
Los niños, insiste, son las personas más agradecidas, recompensando gestos simples como saludos personalizados que les hacen sentir únicos. Su despedida por jubilación estuvo llena de emoción: las sorpresas culminaron en un recorrido por el aula donde un pequeño de preescolar llamado Berni preguntó entre lágrimas: «¿Quién me dirá buenos días, Berni, todos los días?». Abrumada, lloró mientras los pequeños se aferraban a sus piernas.
Ahora, Fernández planea descansar, pasar tiempo con su hija y sus hermanas mayores, pero promete visitar la escuela que considera su segunda familia.
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: