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Cultura·

Carles Casajuana presenta La guerra dins la guerra, sobre la identidad catalana

El veterano diplomático y autor galardonado con el Ramon Llull usa una novela ambientada en Barcelona para examinar la coexistencia catalano-española y reflexionar sobre la política.

Sintetizado a partir de:
Diari d'Andorra

Claves

  • Casajuana (n. 1954) es diplomático de carrera y exembajador en Grecia, Reino Unido y Malasia; ganó el premio Ramon Llull en 2009.
  • *La guerra dins la guerra*, ambientada en Barcelona en 2019, usa personajes escritores para explorar la identidad catalana y la coexistencia de literaturas catalana y española.
  • Dice que el debate independentista dejó sin resolver temas clave (lengua, identidad, finanzas, autonomía) pero duda de un renacimiento en la generación actual.
  • Sobre edición y medios, advierte de que las presiones del mercado moldean las decisiones editoriales, valora el rol ceremonial de los premios y defiende el periodismo de opinión medido frente a la prisa de las redes sociales.

Carles Casajuana, nacido en Sant Cugat del Vallès en 1954, combina una larga carrera en el servicio diplomático español con una producción literaria sustancial. Diplomático de carrera y exembajador en Grecia, el Reino Unido y Malasia, ha publicado más de una docena de libros y ganó el premio Ramon Llull en 2009. Recientemente presentó su última novela, *La guerra dins la guerra*, en Andorra.

Casajuana dice que su paso de la lectura a la escritura comenzó en los años de estudiante y se intensificó tras aprobar los exámenes diplomáticos. Las destinaciones diplomáticas, añade, crean distancia y tiempo que pueden favorecer el trabajo literario. Su primera novela surgió tras una estrecha colaboración con el editor Jaume Cornudella; un contacto temprano con el sello Quaderns Crema llevó a un trabajo editorial antes de la publicación en lugar de una aceptación inmediata.

*La guerra dins la guerra* utiliza escritores como personajes para explorar la cultura catalana y la coexistencia entre lo catalán y lo español. Ambientada en Barcelona en 2019 y observada en parte desde una perspectiva expatriada, la novela está estructurada en capas —Casajuana la compara con la masa de hojaldre— y aborda cuestiones de identidad catalana, la construcción de la ficción, los límites de las relaciones profesor-alumno y la existencia paralela de las literaturas catalana y española. También enmarca el clima social tras el proceso independentista comparándolo con los sucesos de mayo de 1937, sugiriendo que épocas diferentes pueden reflejar realidades sociales similares.

Sobre las secuelas políticas del proceso independentista, Casajuana argumenta que los temas de larga data entre Cataluña y España —lengua, identidad, finanzas y alcance de la autonomía— siguen sin resolverse. Dice que el debate reciente se centró visiblemente en la independencia pero no abordó esas cuestiones más profundas. Aunque advierte de que las tensiones podrían resurgir si no se resuelven los temas sustantivos, no espera un renacimiento en la generación actual y considera el Estatuto de Autonomía de 2006 un marco adecuado para resolver muchos de esos asuntos.

Casajuana ha reflexionado sobre los premios literarios y la industria editorial, destacando el valor ceremonial de los galardones incluso cuando el mercado rige cada vez más las decisiones editoriales. Cree que los premios a obras ya publicadas deberían tener mayor prestigio y describe la edición como un equilibrio entre mérito literario y realidades comerciales, donde la calidad y grandes audiencias no siempre coinciden.

Colaborador habitual de artículos de opinión en *La Vanguardia*, Casajuana defiende el papel del comentario medido y reflexivo en un entorno mediático dominado por la reacción rápida en redes sociales y titulares sensacionalistas. Reconoce que muchos de sus lectores son mayores pero sostiene que los artículos reflexivos, incluso leídos por minorías, pueden generar debate significativo; también admite que otras plataformas acogen ahora reflexiones públicas similares.

Preguntado sobre el lugar de Andorra en Europa, dio la bienvenida a la integración parcial del principado con la UE y señaló las discusiones en curso sobre el grado de esa integración. Comparó la UE con un club de derechos y obligaciones desiguales entre miembros y dijo que corresponde a los andorranos juzgar si vínculos más estrechos merecen la pena. Personalmente, dijo, le gustaría ver a Andorra más integrada en la UE, pero insiste en que la decisión pertenece a sus ciudadanos.

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