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Cultura·

El Petit de Cal Eril regresa con Eril, Eril, Eril en un concierto a medio aforo en Andorra

Joan Pons interpreta su nuevo álbum de pop psicodélico tras cinco años de parón, combinando canciones intuitivas sobre los cambios de la vida con éxitos de su carrera en el Centre de Andorra

Sintetizado a partir de:
Bon DiaDiari d'Andorra

Claves

  • Interpretó el álbum completo *Eril, Eril, Eril* más éxitos ante medio aforo, primer concierto en Andorra en 15 años.
  • El parón permitió pasar de composición cerebral a intuitiva: «Las canciones ya están hechas; yo las pesco».
  • Temas exploran el cambio y la esencia, como el homenaje a la madre «Si no fos tan fàcil» y el turbulento «Aigua fosca».
  • Pons, de 44 años y con reciente premio de Barcelona, prioriza la integridad del álbum sobre singles en búsqueda vital eterna.

Joan Pons, conocido como El Petit de Cal Eril, interpretó su nuevo álbum *Eril, Eril, Eril* ante un aforo a medio gas en el Centre de Congressos de Andorra el jueves por la noche, marcando su regreso tras cinco años de sabbatical y 15 años desde su debut andorrano.

El concierto llegó meses después del lanzamiento del álbum, que Pons presentó como un reinicio creativo tras casi una década de producción casi constante —ocho discos desde *Per què es grillen les patates?* (2007) hasta *N.S.C.A.H.L.* (2021)—. Describió el parón como difícil y arriesgado, pero necesario tras 20 años en la música, lo que le permitió pasar de una composición cerebral a un trabajo intuitivo y visceral. «Las canciones ya están hechas; lo único que hago es pescarlas», dijo, extrayéndolas «del fondo del mar».

El set íntimo de pop psicodélico se mantuvo fiel a su estilo metafísico, pero resultó más ligero y elemental, con baterías más potentes, sin teclados en directo y letras que reflexionan sobre los cambios de la vida —«Ya no soy quien era»— mientras conectan con una esencia interior perdurable. Temas como «Si no fos tan fàcil», un homenaje a su madre que encendió el proyecto en medio de dudas sobre sí mismo, y «Aigua fosca», escrito de forma rápida para reflejar tiempos turbulentos, mezclaron ternura con reflexiones más oscuras sobre eventos «salvajes y terribles». La banda tocó el álbum completo, o casi, más éxitos desde *Vol i dol* en adelante, como «Jo ja no soc qui era», «Ara no sé què dir-te», «Ni rei, ni déu ni mestre» y «La por i l'oblit», cerrando con «Cendres».

Pons, de 44 años y galardonado recientemente con el Premi Ciutat de Barcelona, llamó a la composición una búsqueda eterna y vital que se llevará a la tumba. Priorizó la integridad del álbum por encima de los singles, una elección que ahora ve casi como política. El concierto andorrano tuvo un peso personal: los fans de aquí le compraron su primera guitarra, un punto de inflexión en su carrera. Los niños en el público le inspiraron, aunque el crítico sugirió que los padres consideren sus necesidades la próxima vez.

Pons se siente más claro que nunca sobre su camino, sabiendo lo que quiere —y lo que no.

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