Naxos: la joya tranquila de las Cícladas griegas que atrae a los viajeros a quedarse
A diferencia de las masificadas Mykonos y Santorini, Naxos ofrece playas serenas, ruinas antiguas y pueblos auténticos a una fracción del coste, pero con expansiones en marcha.
Claves
- Carece de aeropuerto internacional y gran puerto, manteniendo las multitudes alejadas del kastro veneciano de Chora y el templo Portara.
- Playas interminables y vacías como Plaka y Mikri Vigla con aguas turquesas y tabernas de pescado a la parrilla.
- Maravillas del interior: Templo de Deméter del 530 a.C. y el pueblo de Apeiranthos construido en mármol entre olivares.
- Ampliaciones del puerto y aeropuerto amenazan con acabar con su encanto sereno y sin tráfico.
Naxos, la más grande de las islas Cícladas en Grecia, sigue atrayendo a viajeros que caen tan profundamente bajo su hechizo que deciden quedarse. Durante décadas, esta joya del Egeo ha seducido a quienes buscan rincones tranquilos en medio de las crecientes multitudes mediterráneas, ofreciendo abundante sol, mares vírgenes, cocina deliciosa, pueblos de postal y ruinas antiguas, todo ello a una fracción del coste de sus vecinas más llamativas.
A diferencia de las favoritas de Instagram como Mykonos y Santorini, Naxos carece de aeropuerto internacional y recibe mucho menos visitantes. Su pequeño puerto en Chora, el corazón y capital de la isla, no puede alojar los enormes cruceros que dominan la región, muchos de los cuales se dirigen directamente a Santorini. El resultado es un escape sereno donde la arquitectura cicládica tradicional —casas encaladas con postigos azules, erosionadas por el tiempo— bordea calles en terrazas perfumadas por el aire marino.
El casco antiguo de Chora, o kastro, se despliega como un laberinto de callejones estrechos vigilados por un castillo veneciano medieval en lo alto de la colina. Los balcones rebosan de geranios y buganvillas, mientras que arcos de piedra dan sombra a gatos y transeúntes que saltan de tienda en tienda. Dominando el puerto se alza la Portara, el impresionante vestigio de un templo del siglo VI a.C. que enmarca el mar como una gigantesca ventana.
Al sur de Chora, playas interminables se extienden a lo largo de la costa, vacías fuera de los meses pico de julio y agosto. Lugares como Mikri Vigla, Alyko, Plaka y Kastraki presumen de kilómetros de arena fina y cálida y aguas turquesas salpicadas de conchas diminutas. Los visitantes pueden caminar durante horas sin encontrarse con otro alma, oyendo solo suaves olas, alguna gaviota ocasional o conversaciones apagadas. Las tabernas cercanas tientan con el aroma de pescado a la parrilla cocinado a fuego lento.
Más allá de la costa, una carretera serpenteante penetra en el interior entre viñedos, olivares y montañas que superan los 1.000 metros, salpicadas de iglesias ortodoxas en acantilados y pueblos encantadores. Paradas clave incluyen el Templo de Deméter en Sangri, del 530 a.C. —un lugar tranquilo para contemplar la Grecia clásica sin hordas de turistas— y Apeiranthos, el «Pueblo Blanco», construido enteramente de mármol. Sesenta escalones conducen a su laberinto de callejuelas y tabernas, donde los locales se demoran con un café.
Por ahora, Naxos sigue siendo un tesoro escondido, pero las previstas ampliaciones de su puerto y aeropuerto podrían traer pronto barcos más grandes y vuelos, llenando las playas de hamacas y las carreteras de tráfico, como ha ocurrido por todo el Mediterráneo. Las carreteras son anchas, bien señalizadas y sin tráfico, aunque las motos de cuatro ruedas son ideales para llegar a calas remotas por pistas de tierra.
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: