Obra kilómetro cero en la Seu d’Urgell homenajea a Josep Zulueta
Escrita, interpretada y musicada localmente, esta producción íntima recrea el Urgellet de los años 20 y sus convulsiones sociales.
Claves
- La producción utiliza escritores, actores y música locales con un decorado reducido para crear una puesta en escena íntima.
- Conmemora el centenario de Josep Zulueta y se sitúa en el Urgellet de los años 20 en medio de una crisis por la filoxera.
- Explora divisiones de clase, migración, conflicto generacional y roles de las mujeres en comunidades pirenaicas.
- Pequño fallo en la puesta en escena: algunas líneas se oyen amortiguadas en ocasiones, aunque el final añade resonancia extra.
Los visitantes habituales de la Sala Sant Domènech en la Seu d’Urgell conocen bien su disposición. Acudir allí a ver una obra y encontrar el escenario dado la vuelta resultó sorprendente; saber que el decorado se había reducido para crear un espacio más íntimo lo hizo acogedor. Leer el programa antes de entrar no reveló contraindicaciones y, para añadir a la sorpresa, los guionistas, actores e incluso la música eran kilómetro cero: escritos, interpretados y producidos localmente.
El coautor Isidre Domenjó, junto a Josep Tomàs, explicó que una vez superados los nervios del estreno y las habituales preocupaciones por el tiempo, su principal reto al escribir fue dejar que personajes reales rompieran la barrera de la ficción. En lugar de viajar a lugares como Redonda, Macondo o Yoknapatawpha, la obra se mantiene en el territorio igualmente singular y poco conocido del Urgellet. Su propósito declarado era conmemorar el centenario de la muerte del multifacético Josep Zulueta.
La obra transporta al público a los años 20 para retratar el temperamento del hombre de Torre del Peu en una región devastada por la filoxera —sin viñedos y, por tanto, en crisis—. Zulueta describió estas zonas en sus artículos de La Vanguardia como «condados olvidados». Su audacia se muestra en cómo animales aparentemente pacíficos, como las vacas, se convierten en catalizador de una revuelta mayor. Ese proceso de cambio, vindicado retrospectivamente por el tiempo, impulsa el drama.
La trama se desarrolla dentro de una familia, revelando deseos, miedos, tristezas y duelos. Esboza conflictos sociales recurrentes: los ricos frente a quienes viven al día; los culturalmente privilegiados y los excluidos de la cultura; quienes emigran en busca de fortuna y quienes se quedan, arraigados a la tierra. Las tensiones generacionales afloran en desacuerdos entre padres e hijos y en la desconfianza de los mayores hacia la juventud. También hay fricciones entre residentes de toda la vida y recién llegados, y una reflexión sobre los roles de género: mujeres asignadas a la crianza de hijos y al trabajo doméstico que, en muchas partes de los Pirineos, se convierten en una fuerza contraria invisible y pilar de la comunidad.
El guion también retoma las rivalidades habituales entre comarcas vecinas, ofreciendo motivos para bailar un vals como Les Fonts del Segre de Pep Lizandre o cantar canciones como Ballarusca. Un pequeño fallo en la puesta en escena fue que, en ocasiones, las voces de algunos personajes llegaban amortiguadas y eran difíciles de oír. Este defecto menor no estropea una obra atractiva que, como sugiere su sorprendente final, adquiere un significado adicional al verla en perspectiva.
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: