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Cultura·

Sant Julià de Lòria completa la procesión de caramelles de 3 horas pese a la fuerte lluvia

A pesar de la fuerte lluvia que obligó a adaptaciones de última hora, el Coral Rocafort y los Petits Cantaires de Sant Julià de Lòria llevaron adelante su procesión anual de caramelles el domingo,

Sintetizado a partir de:
AltaveuDiari d'Andorra

Claves

  • Sant Julià de Lòria completó su procesión de caramelles de 62 años y 3 horas al aire libre pese a la fuerte lluvia.
  • Coral Rocafort (20 adultos) y Petits Cantaires (12 niños) se adaptaron con paradas bajo refugio en 10 puntos.
  • Tradición única en Andorra por su formato callejero completo; incluye jóvenes y canciones catalanas como la sardana.
  • La directora Brigit Garcia resalta la continuidad generacional ante distracciones modernas.

A pesar de la fuerte lluvia que obligó a adaptaciones de última hora, el Coral Rocafort y los Petits Cantaires de Sant Julià de Lòria llevaron adelante su procesión anual de caramelles el domingo, día después de Pascua, manteniendo una tradición de 62 años única en Andorra por su formato completo de tres horas.

La actividad estaba programada para comenzar a las 11 de la mañana frente a la Casa Comuna, con unas diez paradas por la parroquia hasta las 2 de la tarde. Las repentinas lluvias llevaron a los cantantes a buscar refugio, actuando en la entrada del ayuntamiento, el túnel al tanatorio, la Plaça de l’Avinguda Francesc Cairat y la Església de Sant Julià i Sant Germà tras una misa solemne. Un grupo de una docena de niños de los Petits Cantaires, con atuendo tradicional, se unió a unos 20 adultos del Coral Rocafort, dirigidos por Brigit Garcia y acompañados por dos músicos. En cada parada, las niñas repartieron broches con la bandera andorrana a cambio de donativos voluntarios, un cambio respecto a las ofrendas históricas en especie como huevos, pan y embutidos.

Garcia, que dirige los coros desde hace cuatro años, destacó las profundas influencias catalanas de la tradición, compartidas con regiones vecinas pero distinguida en Sant Julià por su procesión callejera completa. A diferencia de versiones más cortas en lugares como Encamp o La Massana —donde la lluvia de ese día también confinó a los Corals Sant Antoni y Sant Miquel a actuaciones eclesiales en interiores con menos público—, el evento de Sant Julià resistió al aire libre bajo refugio. Este año se incorporó la sardana *Dansaires Andorrans* del fundador del coro Daniel Areny como pieza emblemática fija, junto a la havanera *Vestida de nit* de la familia Cruz.

La directora enfatizó la evolución de la costumbre sin perder su esencia, especialmente mediante la implicación de la juventud ante distracciones modernas como la tecnología y los deportes. Muchos de los niños participantes son hijos de antiguos cantantes, fomentando la continuidad generacional, aunque Garcia espera que el número crezca más allá de la docena actual. «Compartir con adultos lo hace atractivo», dijo, añadiendo que inculcar la práctica en los niños asegura su supervivencia como futuro de la parroquia.

El apoyo público se mantuvo firme pese al tiempo, con familias como los Plas entre los espectadores. Los grupos también recuperaron el cartel original de 1962 de Sergi Mas, simbolizando la resiliencia a lo largo de más de seis décadas.

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