Profesora gana el Premio Literario de Andorra de Ensayo por obra sobre dinámicas de poder lingüístico
El *Funàmbuls lingüístics* de Laura Navarro critica el plurilingüismo, la estandarización política y las leyes catalanas de Andorra, y pide un equilibrio.
Claves
- Navarro critica las políticas del Consejo de Europa que vinculan certificación lingüística a controles migratorios.
- Analiza la Ley del Catalán de Andorra como paternalista, advirtiendo contra normas rígidas que asfixian la vitalidad.
- Aboga por el uso activo e imperfecto de la lengua frente al purismo, abrazando la alternancia de códigos.
- Plantea un reto al lector: reconocer la responsabilidad lingüística y aceptar la imperfección.
Laura Navarro, profesora de 29 años de Escaldes-Engordany y candidata a doctora en la UPEC-Paris Créteil, ha ganado el Premio Literario de Andorra de Ensayo con su libro *Funàmbuls lingüístics*. La obra explora las intersecciones entre lengua, poder e identidad, advirtiendo de que plantea más preguntas que respuestas definitivas.
Partiendo de la frase del filósofo Jacques Derrida —«Solo tengo una lengua, y no es la mía»—, Navarro reflexiona sobre su propio plurilingüismo, moldeado no por elección sino por imposiciones familiares, escolares y estatales. A pesar de la ausencia de un contexto colonial, su investigación doctoral destaca cómo el multilingüismo suele servir a objetivos políticos en lugar de a una expresión genuina.
Critica las políticas lingüísticas del Consejo de Europa, que promueven ideales progresistas como la certificación de competencias pero derivan en estandarización. Estos marcos, argumenta, vinculan la competencia lingüística a resultados prácticos como la renovación de permisos de migrantes, pasando de fines humanísticos a controles migratorios. Los usuarios pueden sentir que eligen sus lenguas, igual que el algoritmo de Instagram selecciona contenidos según perfiles, creando una ilusión de elección.
Navarro se centra en la Ley del Catalán de Andorra, destacando el eslogan del sitio web del Gobierno: «Nuestras montañas están protegidas por ley. El catalán también», acompañado de una imagen paternalista. Aunque reconoce la necesidad de proteger legalmente el catalán frente al dominio del español y el francés, advierte contra la sobrerregulación. «Está bien que la lengua se convierta en ley», dice, «pero asegurémonos de que no se nos seque», comparando las normas rígidas con plantas de plástico brillante que se sienten frías al tacto.
El ensayo pide un equilibrio entre estándares formales y la lengua viva y errónea de la calle. Lo que importa, enfatiza Navarro, es el uso activo: hablarla y escribirla con entusiasmo. Plantea un reto a los lectores: «Si la lengua es una responsabilidad, ¿cuál es el mínimo que puedes hacer?». ¿Su mínimo? «Hacer trampa» con el purismo. Antigua gramática estricta que corregía a los alumnos para que dijeran «fins i tot» en lugar de «inclús», admite que alterna códigos libremente con amigos, mezclando tres lenguas en una sola frase.
El título evoca funámbulos sobre un cable flojo, siempre al riesgo de desequilibrio. Navarro ve valor en esa reflexión: ser consciente de por qué se elige una lengua en cada contexto, reconocer que todas las lenguas están en deuda con las otras y aceptar la imperfección. Regular algo vivo, concluye, es inherentemente resbaladizo, como el agua que se escapa del agarre.
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: