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Cultura·

Tiós, candados de amor y abrazos a árboles: cuando las tradiciones dañan la naturaleza y las estructuras

Costumbres estacionales —desde los rituales catalanes del tió hasta los candados de amor y la ‘terapia arbórea’— pueden dañar árboles, puentes y enclaves protegidos; los especialistas recomiendan precaución.

Sintetizado a partir de:
Bon Dia

Claves

  • La tradición catalana del tió implica alimentar troncos con mondas de mandarina y golpearlos para que el tió ‘cague’ regalos el 24 de diciembre.
  • Los candados de amor se han acumulado en puentes de todo el mundo; el peso y la corrosión han causado daños y retiradas (p. ej., Pont des Arts de París).
  • El abrazo excesivo a árboles y el tráfico de visitantes compactan el suelo y debilitan las raíces en hayedos protegidos como Cabezón de la Sal.
  • Los expertos en arboricultura recomiendan abrazar árboles cercanos no sensibles y evitar enclaves protegidos o vulnerables.

Hace unos días, coincidiendo con la llegada de tiós a muchas calles de La Seu, alguien me contó que el año pasado le sorprendió la cantidad de mondas de mandarina que la gente tiraba a la carretera. Le pareció una falta de civismo total. Sin embargo, con la reciente llegada de un bebé a su hogar, ya entiende el motivo: el tió —el tronco navideño catalán— les ‘cagará’ por primera vez el día 24. Eso explica por qué los tiós de la mayoría de los hogares tienen un apetito voraz; las mondas de mandarina desaparecen en un instante.

A pesar de su apetito y supuesta magia, a los tiós se les sigue dando golpes como parte del ritual. Esa práctica generó polémica hace años cuando algunos colegios intentaron evitar los golpes, argumentando que podía fomentar la violencia. Como ocurre con muchas costumbres estacionales, los troncos de árbol soportan todo tipo de marcas: la costumbre de los enamorados de tallar sus iniciales en la corteza es una especie de tatuaje botánico, un testigo permanente de su amor de una forma que el grafiti en las paredes no es.

Esa costumbre ha encontrado un sustituto en los llamados candados de amor. Las parejas colocan un candado en un puente y tiran la llave al agua para simbolizar un amor eterno —una opción más rápida y sencilla que tallar en corteza dura—. Desde alrededor del año 2000, la práctica se ha extendido por puentes de todo el mundo. En 2014, el peso acumulado de los candados en el Pont des Arts de París se citó como la principal razón por la que se derrumbó un tramo de la barandilla. Los candados también se oxidan y deterioran, y los lugares donde se acumulan pueden degradarse visualmente con rapidez, lo que lleva a las autoridades responsables de la seguridad de las estructuras a retirarlos.

Si los golpes propinados a los tiós y las heridas que los enamorados infligen a los troncos han ablandado la sensibilidad de los lectores, es comprensible que algunos sientan el impulso de abrazar un árbol. Los defensores de la ‘terapia arbórea’ dicen que la práctica alivia el estrés y beneficia la salud. La realidad, sin embargo, es menos romántica: demasiado entusiasmo puede convertirse en un problema. En Cabezón de la Sal, un conocido hayedo de secuoyas declarado monumento natural en 2003, los expertos afirman que el exceso de abrazos a los árboles y el tráfico de visitantes resultante han compactado el suelo, debilitando las raíces y dañando la vitalidad del enclave. Por ello, los especialistas en arboricultura desaconsejan la práctica.

Si aún siente ganas de abrazar un árbol esta temporada festiva, considere hacerlo con uno cercano en lugar de en un enclave sensible o protegido —y sepa que existe una alta probabilidad de que incluso los parientes, como los suegros, lo desaprueben.

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Fuentes originales

Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: