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Cultura·

Los topónimos andorranos revelan la 'toponimia fósil' de una era agrícola perdida

El historiador David Mas identifica nombres del valle central como Prat del Roure como vestigios de la agricultura preurbana, ahora subsumida por el pastoreo moderno y.

Sintetizado a partir de:
Diari d'AndorraARA

Claves

  • Topónimos como Prat del Roure son 'toponimia fósil' de la agricultura de mediados del siglo XX.
  • La economía pasó de campos de aldea (cereales, patatas) a prados remotos para forraje ganadero.
  • Acuerdo de 1940 impulsó hatos lecheros, convirtiendo campos en pastos.
  • Los nombres, ahora en zonas urbanas, evocan tristeza por el patrimonio agrario perdido.

El historiador David Mas, experto en arquitectura vernácula, ha identificado topónimos como Prat del Roure, Prada Casadet y Prat del Rull en el valle central de Andorra como «toponimia fósil». En declaraciones a la Agencia Andorrana de Noticias (ANA), ha afirmado que estos nombres preservan huellas de un paisaje agrícola que moldeó el Principado hasta mediados del siglo XX, antes de que la urbanización lo arrasara.

La economía de Andorra se centraba antaño en dos tipos principales de terreno: campos próximos a los pueblos para cultivar cereales, legumbres, patatas o tabaco; y prados, o *prats de dall*, en zonas remotas o valles secundarios. Mas explicó que estos prados suministraban el forraje de invierno para el ganado, con la hierba segada a golpe de hoz y almacenada en cabañas o eras para alimentar a los grandes animales durante los meses fríos.

Ese esquema mantenía los cultivos cerca de los núcleos habitados y los pastos más alejados. Pero los cambios del siglo XX —la mecanización, el declive de la cría de mulas y el giro hacia una economía de mercado— invirtieron el patrón. Un acuerdo clave de 1940 entre agricultores andorranos y lácteos de La Seu d'Urgell aceleró la transición, pasando de un par de vacas por hogar para la labranza a rebaños de una docena para la producción de leche. Muchos campos de cereales se convirtieron entonces en pastizales.

Como resultado, los topónimos actuales del valle central capturan esta fase posterior de la agricultura, no la original, señaló Mas. Los «prados» en el fondo del valle representan una designación relativamente moderna. Este vocabulario fosilizado se encuentra ahora en medio del desarrollo urbano, donde el valor del suelo proviene del potencial inmobiliario más que de la hierba que produce.

Para los residentes que presenciaron el cambio, observó el historiador, este se produjo de forma gradual pero profunda, evocando a menudo una sensación de tristeza por la pérdida de un terreno vital para el sustento de la nación.

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