Montañero andorrano completa expedición en bicicleta de 270 km en la Cordillera Blanca de Perú
Pau Costa y su equipo superaron más de 12.500 m de desnivel en remotas cordilleras peruanas, enfrentando el tiempo, la logística y la escala imponente en nueve días.
Claves
- Ruta de 270 km en 9 días: 4 días de aclimatación en Santa Cruz, 5 días en Huayhuash con más de 12.500 m de desnivel positivo.
- Enfrentaron avistamiento de rescate en helicóptero al inicio, lluvia a 4.000 m y momento de casi abandono de Costa por agotamiento.
- Logística con mulas y locales; sin infraestructura, pero interacciones alegres con comunidades.
- Séptima aventura de Costa en 25 años, documentada para sus hijos; la vida cotidiana espera el próximo fin de semana.
Pau Costa, un experimentado montañero andorrano, regresó recientemente de una exigente expedición en bicicleta de 270 kilómetros por las remotas cordilleras Blanca y Huayhuash en Perú, donde la inmensidad del paisaje humilló al grupo.
El viaje de nueve días comenzó con un bucle de aclimatación de cuatro días en el valle de Santa Cruz, seguido de cinco días en Huayhuash. La ruta incluyó más de 12.500 metros de desnivel positivo, con los ciclistas cargando las bicicletas a pie en las secciones más empinadas. «En ese valle profundo, con 3.000 metros de caída vertical, te das cuenta de que solo eres un grano de arena en el mundo», dijo un miembro del equipo, Jaume, capturando el sentimiento de insignificancia ante las cumbres imponentes.
Los desafíos empezaron pronto. Al inicio, el grupo avistó un helicóptero de rescate recuperando a excursionistas varados que llevaban días pidiendo ayuda, un recordatorio crudo del aislamiento de la zona y sus recursos limitados, donde tales operaciones son raras en comparación con Europa. El tiempo agravó la tensión: el segundo día, tras una noche dura y horas pedaleando a 4.000 metros, cayó la lluvia cuando se acercaban al paso final. Costa, exhausto, admitió que estuvo a punto de tirar la toalla.
La logística fue el mayor obstáculo. El equipo dependió de una agencia local, con los campamentos desplazados a diario por mulas compartidas con senderistas. Coordinar las distancias con el arriero y el cocinero fue crucial, ya que no había infraestructura que conectara los lugares remotos. Sin embargo, las interacciones con los locales fueron lo mejor. Las comunidades recibieron a los visitantes con orgullo, y el equipo de apoyo creó lazos mediante carreras juguetonas, aunque los peruanos siempre ganaban.
Esta fue la séptima aventura de este tipo para Costa, que ha evolucionado en 25 años desde salidas en los Pirineos hasta los Alpes franceses, suizos e italianos, y Nepal. Organizada de forma orgánica a través de su pasión por los deportes de montaña, la expedición incluyó una documentación completa para sus hijos. De vuelta en casa, Costa señaló que la vida cotidiana se siente igual: «Siempre esperando el fin de semana para salir de nuevo.»
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: