Universitat d’Estiu de Andorra arranca con economía del cambio climático
La 42.ª edición destaca la economía de la acción climática. Expertos advierten de riesgos de reubicación industrial y problemas de gorrones, elogian tecnologías baratas como los vehículos eléctricos y piden recortes de emisiones en la UE.
Claves
- El economista Christian Gollier urge recortes drásticos de CO₂ mediante impuestos a emisiones y subsidios a bombas de calor.
- La UE ha reducido emisiones un tercio desde 1990, pero industrias intensivas se trasladan a países con normas laxas como China.
- La inacción genera problemas de gorrones, como en los giros políticos de EE.UU. hacia “drill, baby, drill”.
- Andorra destaca en recortes de emisiones, pero precisa políticas europeas más firmes para transporte y vivienda.
La 42.ª edición de la Universitat d’Estiu i Tardor se inauguró el lunes con un enfoque en la economía del cambio climático, con unos 80 participantes inscritos y más esperados para sus cuatro sesiones.
El programa se reanuda el martes, seguido de sesiones los días 21 y 22 de septiembre. El economista Christian Gollier, profesor de la Toulouse School of Economics, impartió la conferencia de apertura sobre la economía de la (in)acción climática. Pidió transformaciones sociales para reducir drásticamente las emisiones de CO₂ y evitar impactos graves en las próximas décadas y siglos.
Gollier expuso opciones como gravar directamente los productos de alta emisión o subvencionar a los hogares para reemplazar calderas de fueloil por bombas de calor. Insistió en la necesidad de políticas efectivas, ya que pocos países han reducido emisiones. La Unión Europea, sin embargo, ha bajado su producción de CO₂ en torno a un tercio desde 1990. Alertó de que las industrias de alta huella de carbono suelen trasladar la producción a países como China o Marruecos con normas de contaminación más laxas.
Esa inacción tiene altos costes, dijo Gollier. Los países que hacen poco se benefician de los esfuerzos ajenos sin cargar a sus poblaciones, una dinámica que vinculó a los recientes cambios de política en EE.UU. alejándose de la descarbonización con un enfoque de “drill, baby, drill”. Los países que actúan asumen toda la carga, mientras los beneficios son globales, lo que erosiona los incentivos para la acción unilateral pese a los riesgos planetarios compartidos.
Elogió los vehículos eléctricos y tecnologías similares como vías de descarbonización de bajo coste, pero advirtió contra pasos iniciales más caros que podrían generar resistencia. Andorra figura bien entre los países europeos en recortes de emisiones, aunque el transporte, la vivienda y la gestión del agua plantean retos. Siguen siendo esenciales políticas más fuertes a nivel de la UE, ya que el Principat no puede abordar el problema solo.
El ministro de Relaciones Institucionales, Educación y Universidades, Ladislau Baró, presentó el evento y resaltó su enfoque multidisciplinar ante cuestiones urgentes en el contexto actual. Describió las complejidades del cambio climático para la Andorra montañosa y la cuenca mediterránea, y lo enmarcó como una prueba de cooperación humana frente al cortoplacismo.
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