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Negocios·

Empresario vasco de 76 años, a juicio por amenazas de muerte a exsocio

El incidente estalló en una reunión del consejo de 2021 en medio de tensiones por divorcio y disputas societarias; la fiscalía pide pena suspendida y la defensa, absolución por falta de pruebas.

Claves

  • Empresario vasco de 76 años juzgado por amenazas de muerte a exsocio en reunión de 2021.
  • Fiscalía pide un año de prisión suspendida; defensa exige absolución por ausencia de pruebas.
  • Enfrentamiento con insultos y empujones por tensiones de divorcio y dividendos.
  • Testigos recuerdan bronca intensa, pero sin confirmación clara de amenazas repetidas.

Un empresario vasco de 76 años se enfrentó este jueves a juicio en el Tribunal de Corts, acusado de proferir repetidamente amenazas de muerte contra su antiguo socio, que además era el exmarido de la sobrina del acusado y secretario general de la empresa.

La fiscalía solicitó una pena de un año de prisión suspendida con un periodo de suspensión de cuatro años, además del pago de las costas judiciales, por el delito agravado. La defensa pidió la absolución, alegando que el incidente fue un enfrentamiento privado sin pruebas de amenazas, y menos aún de repetidas. El denunciante no formuló reclamación civil alguna por daños.

El enfrentamiento tuvo lugar el 2 de noviembre de 2021 durante una reunión del consejo de administración de la empresa, avivado por tensiones sobre decisiones de gestión, reparto de dividendos y el divorcio de la sobrina del denunciante. Una sesión destinada a tratar asuntos corporativos rutinarios derivó en insultos, forcejeos y empujones.

El denunciante describió cómo el acusado se acercó a 20 centímetros de él, le lanzó insultos, intentó golpearle y amenazó con matarle varias veces. «Se levantó, se me acercó a la cara, me insultó y amenazó con matarme», testificó, añadiendo que empujó al acusado en legítima defensa, lo que le hizo tropezar con los muebles. El notario presente intervino para calmar la situación.

El acusado negó cualquier amenaza de muerte, presentando el episodio como una disputa verbal mutua que derivó brevemente en lo físico, contenida por dos abogados —uno de la empresa y otro que asistía solo a esa reunión—. «Hubo palabras; creo que le insulté, y ya está», declaró. Especuló que, sin los abogados, «no sé qué podría haber pasado» y vinculó las raíces del conflicto al divorcio, retratando al denunciante como un inversor pasivo sin actividad operativa.

Ambas partes coincidieron en que el acta de la reunión se redactó y firmó sin mencionar el incidente, pese a que se les preguntó si querían consignar algo. La defensa resaltó esta omisión, así como la presentación de la denuncia meses después —coincidiendo con la destitución del denunciante del consejo—, como elementos que minan su fiabilidad.

Los abogados, únicos testigos directos, describieron un ambiente inusualmente caldeado, pero recordaron pocas palabras precisas. Uno de ellos había indicado previamente que podría haberse proferido una amenaza.

Disputas previas en la empresa habían llegado a los tribunales, con el denunciante considerando al acusado intolerante con la disidencia. El acusado recordó un vínculo anterior amistoso y familiar que se deterioró tras la separación. Durante su testimonio, detalló su carrera en el fútbol y después en promociones inmobiliarias en Andorra.

El tribunal escuchó las versiones contradictorias y cerró el juicio para sentencia, que decidirá si se produjeron amenazas de muerte repetidas en medio de esta mezcla de discordia empresarial y familiar.

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