El líder de Canillo defiende el nuevo plan urbanístico como salvaguarda reversible contra el boom constructivo post-Covid
Jordi Alcobé advierte de que un desarrollo descontrolado causaría daños irreversibles al paisaje y la cohesión parroquial, citando un ejemplo de demolición de 37 años y urgiendo límites precautorios en zonas vulnerables
Claves
- Jordi Alcobé defiende el POUP de Canillo como salvaguarda reversible contra el boom constructivo post-Covid
- Advierte de riesgos irreversibles para el paisaje y la cohesión social
- Cita la demolición de 37 años de un edificio en Vall d’Incles como ejemplo
- Urge límites precautorios en zonas como Cap del Forn y Mereig
Jordi Alcobé, conseller major de Canillo, ha defendido el nuevo Pla d’Ordenació i Urbanisme Parroquial (POUP) de la parroquia como una estrategia prudente y reversible para gestionar las crecientes presiones constructivas, especialmente desde la pandemia de Covid-19.
Ha posicionado el plan como una salvaguarda contra daños irreversibles al paisaje, la imagen y la cohesión social de la parroquia. Alcobé ha subrayado que el enfoque del comuna —centrado en la protección, la conservación y el crecimiento racional— permite ajustes futuros si es necesario, a diferencia de un desarrollo descontrolado. «Si frenamos en exceso en algún punto, esa decisión se puede corregir en el futuro. Pero permitir un desarrollo intensivo ahora hipotecaría la parroquia para generaciones», ha afirmado.
Alcobé ha advertido contra las demandas del libre mercado que podrían llevar edificios o bloques de apartamentos a puntos vulnerables como Cap del Forn, Mereig y Montaup. Ha descrito el POUP como una medida de precaución en un mercado inmobiliario que ha cambiado drásticamente en cinco años. «La era pre-Covid y la post-Covid son completamente diferentes», ha señalado, con presiones sobre el suelo que han aumentado bruscamente. La planificación urbana, ha argumentado, debe seguir siendo receptiva y adaptable. «No se trata de frenar por frenar, sino de actuar con precaución en un contexto que ha cambiado radicalmente».
Para ilustrar los desafíos de la reversión, ha citado un edificio inacabado en Vall d’Incles que tardó 37 años en demolerse. «Imaginad derribar un edificio habitado», ha dicho, destacando los costes sociales y económicos implicados. Ha cuestionado la viabilidad de futuros rascacielos cerca del Palau de Gel o en los campos comunales recién completados en el centro de Canillo, preguntándose quién tendría la determinación de retirarlos después.
El conseller major ha respaldado límites como el perímetro previsto en Incles para mantener las opciones abiertas. Los rascacielos similares a los de Escaldes, ha mantenido, solo convienen al centro de Andorra la Vella. «En diez años, mis hijos y los hijos de mis vecinos vivirán con ello para siempre», ha concluido, priorizando la precaución hoy para permitir correcciones mañana.
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