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El jefe de Gobierno de Andorra limita el crecimiento poblacional a 100.000 ante la presión en infraestructuras

Xavier Espot considera inviable superar los 100.000 habitantes para mantener la calidad de vida, pero la líder de Escaldes-Engordany, Rosa Gili, advierte.

Sintetizado a partir de:
Diari d'AndorraARA

Claves

  • Espot: máximo 100.000 habitantes para mantener la calidad de vida (desde ~89.000).
  • Gili: carreteras colapsadas, Carrer de la Unió como cuello de botella que paraliza el movimiento con turistas.
  • Picos turísticos vacacionales aumentan incidentes y tensionan la población cercana a 90.000.
  • Sanidad al límite; Gili pide arreglar cuellos de botella antes de expandir.

El jefe de Gobierno de Andorra, Xavier Espot, ha declarado que el crecimiento poblacional por encima de los 100.000 habitantes no es viable manteniendo los actuales estándares de calidad de vida. Hace varias semanas, en el programa de RTVA *El cap de Govern respon*, señaló que este umbral —equivalente a sumar 11.119 personas según las últimas cifras del Departamento de Estadística, en torno a 88.881— equivaldría al tamaño de una nueva parroquia como Encamp.

Las declaraciones provocaron una respuesta contundente de Rosa Gili, cònsol major de Escaldes-Engordany, quien dijo a la Andorran News Agency que la infraestructura existente ya está desbordada cerca de los 90.000 habitantes, especialmente con las afluencias turísticas. Destacó un estudio de la red viaria encargado por el Gobierno que concluye que el país está colapsado, con el Carrer de la Unió como cuello de botella crítico. «No puede absorber más vehículos», afirmó Gili, explicando que incluso aglomeraciones leves paralizan todo el movimiento por las zonas céntricas, frustrando a los locales y dañando la imagen para los visitantes. «Si estuviera de vacaciones, no querría pasar la mitad del tiempo en el coche», añadió.

Gili apuntó a los recientes periodos vacacionales, en los que un número de turistas superior a lo habitual provocó más incidentes que en años anteriores, agravando la presión sobre la población cercana a los 90.000. La sanidad refleja estas tensiones: evaluaciones previas limitaron el crecimiento al 5 % por restricciones de capacidad, pero las listas de espera siguen alargándose y los servicios de urgencias operan al límite.

En lugar de debatir límites hipotéticos como los 100.000, Gili instó a las autoridades a realizar análisis exhaustivos de los cuellos de botella, solucionarlos primero y solo entonces valorar una mayor expansión. Argumentó que los topes deberían haberse aplicado cuando los estudios de capacidad de carga señalaron el colapso, en vez de permitir que las condiciones empeoraran hasta el estado actual.

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