La Policía gestiona multitudes y tensiones en el famoso puesto de crepes grosero de Andorra
Agentes en Andorra la Vella intervienen habitualmente para desactivar disputas entre clientes en cola, el crepero grosero y comercios vecinos en medio de la nueva normativa.
Claves
- La Policía intervino el sábado para organizar colas y calmar insultos entre clientes del puesto de crepes y personal cercano.
- Nueva ordenanza municipal exige caminos peatonales claros; el puesto usa gestor con chaleco amarillo y cadenas para cumplir.
- Comercios vecinos se quejan del acceso bloqueado; multas hasta 3.000 € por infracciones, riesgo de cierre.
- La fama del puesto por su grosería atrae turistas pese al caos, eclipsando a competidores educados.
El sábado, agentes de policía intervinieron cerca de La Creperia de la Rotonda en Andorra la Vella para desactivar tensiones entre los clientes en cola del puesto de crepes y el personal de comercios cercanos, mientras ayudaban a organizar las multitudes en la acera.
El incidente ocurrió justo antes de la apertura del local, en medio de problemas continuos por la popularidad del negocio que se desbordan a la avenida. Agentes del corps d'ordre se han convertido en una presencia habitual en la zona, frecuentemente llamados para evitar escaladas. Los insultos, sello distintivo de las interacciones del crepero, se han extendido de él a algunos clientes, que responden de igual modo a las quejas de comerciantes vecinos por el acceso bloqueado.
Esto sigue a la aplicación el viernes de la nueva ordenanza municipal, que exige a los locales comerciales mantener un camino peatonal claro y continuo. La Creperia de la Rotonda, en Avinguda Meritxell y notoria por sus largas colas y comentarios cortantes, introdujo ese día a un gestor de colas con chaleco amarillo para dirigir las multitudes y cumplir. Las cadenas habían aparecido antes para contener las colas, pero el tráfico turístico máximo antes del Día de Reyes puso a prueba el sistema.
A media tarde del viernes, se formaron colas a ambos lados de la avenida antes de las 18 horas. Los peatones avanzaron cuando los semáforos cercanos se pusieron en verde, y los transeúntes se detuvieron a filmar la escena, muchos atraídos por la fama del puesto. Pasajeros de un tren turístico gritaron incluso insultos desde sus asientos, provocando respuestas. El gestor repetía con calma frases como «mantengan este espacio despejado, por favor» y «avancen», aunque el crepero se reía y le pedía que fuera más duro. Las palabras cortantes siguieron siendo exclusivas del crepero.
Los comercios vecinos han añadido cadenas para proteger sus entradas, con un trabajador señalando que las multitudes «bloquean todo» de lo contrario. Los turistas a menudo parecen desconcertados por el atractivo de comprar en un sitio conocido por su grosería.
Las infracciones conllevan multas de 500 a 3.000 euros, y problemas persistentes podrían llevar al comuna a solicitar al Gobierno el cierre temporal. El puesto ha eclipsado a otros locales de crepes, que ofrecen productos similares sin los insultos, aunque los vídeos en redes sociales del caos siguen atrayendo multitudes.
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: