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Francés se enfrenta a 8 años por agresión sexual en discoteca de Andorra

Un hombre francés de 34 años y origen argelino, juzgado por agredir a una mujer en el baño de una discoteca de Andorra la Vella, con la fiscalía pidiendo condena.

Sintetizado a partir de:
Diari d'AndorraAltaveuARAEl Periòdic

Claves

  • El acusado admite contacto oral y vaginal breve, alega iniciativa de la víctima en medio de intoxicación mutua.
  • La víctima denuncia sexo anal sin consentimiento, paradas ignoradas, boca tapada y sangrado grave.
  • Fiscalía pide 8 años de prisión, expulsión 20 años, 20.000 € de indemnización; defensa busca absolución.
  • Forenses confirman lesiones vaginales por entrada forzosa; amigos vieron sangre en ambos.

Un hombre francés de 34 años y origen argelino se enfrenta a hasta ocho años de prisión por agresión sexual grave y lesiones intencionales leves tras un incidente en el baño de una discoteca de Andorra la Vella el 27 de octubre de 2024. El juicio de tres días en el Tribunal de Corts concluyó el jueves con los alegatos finales, mientras la fiscalía y la acusación particular mantuvieron sus peticiones de ocho años y dos meses de cárcel, una orden de alejamiento de 10 años, expulsión de Andorra por 20 años, una multa de 2000 euros por las lesiones y 20.000 euros de indemnización. La defensa solicitó la libre absolución, alegando contacto consentido limitado por la intoxicación del acusado y problemas de erección.

El acusado, en prisión provisional durante un año y tres meses, testificó el primer día del juicio, visiblemente nervioso y deteniendo brevemente la sesión por problemas de idioma. Inicialmente dijo a los investigadores que solo hubo contacto manual, pero luego admitió un acto de sexo oral «muy corto» y una penetración vaginal «muy breve», atribuyendo la brevedad a la ingesta abundante de cerveza, vino y ron en su primera visita a Andorra por el cumpleaños de un amigo. Describió que la víctima se acercó a él, compartió su bebida, bailaron y ella lo llevó del brazo al baño sin resistencia, quejas de detenerse ni violencia. No hubo sexo anal, afirmó, y se despidieron con abrazos y un beso; él se quedó en la discoteca otra hora hasta la llegada de la policía. La defensa resaltó su monolingüismo francés frente al español o catalán de ella, la intoxicación que enmascaró señales, la ausencia de sangre en su cuerpo, su decisión de no huir y tensiones personales como una huelga de hambre, fobia a los baños por la detención y preocupación por su esposa e hijo en Francia. También señalaron contradicciones temporales en las grabaciones de seguridad con el relato de la víctima, falta de rastros de sangre en el baño y su regreso al local el 6 de diciembre de 2024.

La declaración de la víctima ante la Batllia en diciembre de 2024, reproducida en el juicio, detalló un consentimiento inicial que pasó a dolor durante el sexo anal, súplicas ignoradas para parar hasta cuatro veces, tapado de boca durante la penetración vaginal mientras amigos llamaban desde fuera, sangrado abundante que llenó el espacio de un metro por dos, y 30 minutos de shock antes de empujarlo fuera. Ella y sus amigos lo confrontaron después como «violador», lo que provocó la intervención de seguridad y policía.

Los amigos testificaron el martes sobre encontrarla llorando y en shock en la barra entre música alta, con sangre en piernas, manos, ropa interior y zona íntima pese a su relativa sobriedad (alcohol en sangre de 2 g/l, habla clara). Lo vieron en el espejo del baño con pantalones manchados de sangre, oyeron súplicas ahogadas y lo confrontaron. Ella envió mensajes ese día sobre reducir las salidas nocturnas, desarrollando luego una adicción al juego de dos o tres meses, ansiedad y consumo más elevado de alcohol. Su padre, emocionado, describió su cambio a introversión, juego, problemas con el alcohol y terapia privada, agradeciendo a seguridad, policía e instituciones.

La policía y pruebas forenses el martes confirmaron que los agentes la encontraron en shock pero coherente, describiendo de forma consistente el retiro de consentimiento pese a la inicial reticencia para denunciar al haber iniciado ella el contacto. Su tanga y pantalones estaban empapados de sangre; su camisa, pantalones y exterior de la ropa interior mostraban manchas pese a la limpieza del baño. Él parecía intoxicado pero consciente, dio versiones cambiantes —de no haber sexo a consentimiento mutuo— y rechazó muestras de ADN. El forense señaló abrasión en canal vaginal con desgarros cutáneos, sangrado y coágulo por entrada forzosa, improbable por contacto sin erección o menstruación típica, sin lesiones previas. Una ginecóloga halló erosión vaginal reciente y sangre perineal inusual en actos consentidos, descartando causas menstruales y penetración sin erección.

Los expertos del jueves detallaron efectos psicológicos: un psiquiatra diagnosticó trastorno de estrés postraumático directamente ligado al incidente, con pensamientos intrusivos, arrebatos emocionales, disociación, vulnerabilidad y terapia retrasada —ahora en recuperación intermedia tras sesiones de junio—. Una psicóloga señaló ansiedad inicial, depresión, progreso y juego como evasión.

La fiscalía resaltó la narrativa consistente de la víctima ante amigos, seguridad, policía, expertos y tribunal, más pruebas objetivas como sangre abundante en ropa, heridas vaginales abiertas por penetración brusca y declaraciones contradictorias del acusado. La defensa insistió en inconsistencias en la declaración de la víctima, ausencia de sangre en su cuerpo o interior de la ropa interior y su conducta posterior al incidente. El caso espera ahora sentencia.

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Fuentes originales

Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: