Mujeres venezolanas encuentran refugio en Andorra con esperanzas de cambio democrático
Cuatro expatriadas venezolanas en Andorra comparten historias de escape de la violencia, escasez y dictadura, reconstruyendo sus vidas con optimismo por EE.UU.
Claves
- Elsy Benítez huyó de amenaza con cuchillo y problemas de cáncer hace 18 años; ahora canta y hace voluntariado en la segura Andorra.
- Marta Rosinach se fue tras protestas violentas contra Chávez hace 22 años; problemas con pasaportes impiden visitas.
- Gabriela Minge se mudó hace 12 años rechazando el socialismo; familia sufre escasez continua.
- Marianela Raucci escapó de intento de secuestro en 2015; elogia oportunidades y acogida en Andorra.
Andorra se ha convertido en un refugio para venezolanos que huyen de la inestabilidad, con muchos residentes reconstruyendo sus vidas mientras mantienen esperanzas de cambio democrático en su país. Cuatro mujeres del país sudamericano han compartido sus historias de escape, adaptación en el Principado y optimismo ante los recientes cambios políticos.
Elsy Benítez, una jubilada de 71 años, llegó hace 18 años tras luchar contra el cáncer y enfrentar una inseguridad rampante en Venezuela. Conoció a su marido andorrano por internet y se mudó para recibir tratamiento, que completó con éxito. Benítez relató una experiencia personal: un hombre le puso un cuchillo en la espalda en una parada de autobús, exigiendo dinero bajo amenaza de muerte. Dejó atrás a hijas y nietas que «nunca han conocido la democracia», con familiares sufriendo por el crimen. Calles que antes eran seguras para caminar y hablar libremente ahora son peligrosas, dijo, en contraste con la seguridad de Andorra, donde la gente puede pasear libremente a cualquier hora. Ahora jubilada, canta con el Orfeó d'Andorra y hace voluntariado activamente.
Marta Rosinach emigró hace 22 años con su marido e hijos tras participar en protestas pacíficas contra Hugo Chávez. Las fuerzas de seguridad respondieron con violencia, lo que motivó su partida. «No se puede vivir en un lugar donde tu vida está constantemente en riesgo», dijo. Una propiedad familiar en Andorra facilitó su transición, y encontrar trabajo resultó sencillo. Más tarde, renovar los pasaportes venezolanos se volvió imposible por trabas burocráticas, cortando las visitas regulares.
Gabriela Minge vive aquí desde hace 12 años, tras marcharse en la era de Nicolás Maduro porque su familia rechazaba la ideología socialista. Su marido consiguió un empleo en una empresa de tarjetas, lo que les permitió reubicarse con sus tres hijas. La reagrupación familiar implicó desafíos con el papeleo, pero finalmente obtuvieron residencia, lo que les permitió trabajar y escolarizar a su nieta. Una hija que regresó encontró escasez de alimentos y todo cotizado en dólares. Minge tiene dos hermanos y primos aún en Venezuela, donde persisten las carencias de comida y medicinas.
Marianela Raucci llegó en 2015 con 19 años junto a su madre, abandonando la universidad en una situación «imposible». Su familia tenía un negocio, lo que les convirtió en objetivo; sobrevivió a un intento de secuestro con su hermana. En Andorra, estudió administración y finanzas, se apuntó a cursos de catalán del Gobierno e ingresó fácilmente en el mercado laboral. Aprecia el clima y la cálida recepción. Una visita en 2023 reveló precios al nivel europeo sin salarios equivalentes.
Las cuatro expresan angustia persistente por sus familiares que soportan la dictadura y las penurias —«un comunismo que mata», según Benítez—, pero acogen con agrado la intervención de EE.UU. y la detención de Maduro como pasos hacia la transición. «El petróleo no nos alimenta; los recursos pertenecen al pueblo», afirmaron.
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: