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El papa León XIV reafirma el rechazo de la Iglesia al aborto, la eutanasia y el vientre de alquiler

En su discurso de Año Nuevo a los diplomáticos, el papa peruano Robert Prevost condenó los abortos financiados, el vientre de alquiler comercial y la eutanasia, y urgió a proteger la vida y las familias en medio de preocupaciones globales.

Sintetizado a partir de:
AltaveuDiari d'AndorraARAEl Periòdic

Claves

  • En su discurso de Año Nuevo a los diplomáticos, el papa peruano Robert Prevost condenó los abortos financiados, el vientre de alquiler comercial y la eutanasia, y urgió a proteger la vida y las familias en medio de preocupaciones globales.

El papa León XIV, el pontífice estadounidense de origen peruano Robert Prevost, reafirmó con fuerza el rechazo de la Iglesia católica al aborto, la eutanasia y el vientre de alquiler durante su discurso de Año Nuevo al cuerpo diplomático en el Vaticano el viernes. Tras cerrar su primer consistorio de cardenales y el Año Jubilar 2025, habló en el Aula delle Benedizioni ante un público que incluía al embajador de Andorra, Carles Álvarez.

El Papa expresó profunda preocupación por iniciativas que financian viajes transfronterizos para lo que denominó un «derecho al aborto seguro», y declaró que el Vaticano «rechaza categóricamente cualquier práctica que niegue o explote el origen de la vida y su desarrollo». Calificó de deplorable el uso de fondos públicos para interrumpir embarazos en lugar de ayudar a madres y familias, y enfatizó la necesidad de proteger a los niños no nacidos y ofrecer apoyo concreto a las mujeres que eligen la maternidad.

León XIV denunció el vientre de alquiler por convertir la gestación en un servicio comercial que explota el cuerpo de las mujeres, trata a los niños como productos y socava la estructura relacional esencial de la familia, basada en la unión exclusiva entre hombre y mujer. Extendió las protecciones a grupos vulnerables —ancianos, enfermos, personas con adicciones y aislados—, defendiendo los cuidados paliativos y la verdadera solidaridad frente a la eutanasia, que calificó de falsa compasión.

Sobre la objeción de conciencia, la presentó como lealtad a principios morales profundamente arraigados, que permite a los profesionales sanitarios rechazar la participación en abortos o eutanasia. Incluso los estados autoproclamados democráticos, advirtió, están erosionando este derecho, mientras que una sociedad libre debe proteger las conciencias diversas para contrarrestar tendencias autoritarias.

El pontífice vinculó la marginación de la familia al aumento de la fragilidad, la violencia doméstica y caídas dramáticas en las tasas de natalidad, especialmente en países de baja fecundidad. A nivel internacional, condenó la implicación de civiles en acciones militares y la destrucción de hospitales, instalaciones energéticas, viviendas e infraestructuras vitales como graves violaciones del derecho humanitario, e instó a los estados a respetar estas normas por encima de los objetivos estratégicos.

Las reacciones andorranas surgieron con rapidez. El Gobierno expresó sorpresa por el tono firme del Papa, pero insistió en que el diálogo debe continuar tras dos años de negociaciones para avanzar en los derechos de las mujeres sin poner en riesgo la coprincipado. Los partidos de la oposición divergieron: Concórdia lamentó una «ventana de oportunidad perdida» bajo el anterior obispo Joan Enric Vives, y criticó las demoras del Gobierno; los Socialdemócratas lo calificaron de «cierre total», cuestionaron la influencia de la Iglesia y plantearon la despenalización unilateral, incluso a riesgo de la coprincipado; Andorra Endavant señaló que la postura se alinea con la doctrina eclesial de siempre.

Los medios locales destacaron las implicaciones para la paralizada despenalización del aborto en Andorra —avanzada bajo el papa Francisco pero ahora congelada— y las normas sobre vientre de alquiler aprobadas sin la firma del copríncipe episcopal. El obispo copríncipe Josep-Lluís Serrano Pentinat había hecho eco de apelaciones provida en noviembre.

Reflexionando sobre el Jubileo, que atrajo a millones en medio de la muerte y el funeral del papa Francisco, León XIV agradeció a las autoridades y fuerzas de seguridad italianas. Invocando a san Agustín sobre distorsiones históricas, nacionalismos excesivos y liderazgos defectuosos, hizo eco de la idea franciscana de un «cambio de era» y mencionó visitas próximas a Turquía y Líbano.

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