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La policía de fronteras de Andorra soporta condiciones gélidas en un puesto fluvial ruinoso

Los agentes en el puesto del río Runer afrontan ausencia de calefacción, humedad y deterioro durante meses, trabajando a 10-12 °C entre reparaciones fallidas y retrasos presupuestarios.

Sintetizado a partir de:
Bon DiaAltaveu

Claves

  • La calefacción central falló en octubre, bajando las temperaturas interiores a 10-12 °C frente al estándar de 21 °C.
  • Los agentes trabajan turnos de 13 horas con abrigos; radiadores temporales gotean o se sobrecalientan.
  • Problemas crónicos: paredes desmoronadas, iluminación tenue, áreas de registro inutilizables, averías sanitarias repetidas.
  • Los agentes llaman al lugar «abandonado»; quejas pasadas solo producen parches temporales, sin soluciones definitivas.

Los policías en el puesto fronterizo del río Runer, en la frontera española, siguen soportando duras condiciones laborales en instalaciones obsoletas, incluidas tres meses sin calefacción central, humedad generalizada, iluminación inadecuada y deterioro estructural.

El sistema de calefacción central falló en octubre, dejando las temperaturas interiores en salas de registro, áreas de interrogatorio y espacios de descanso en 10-12 °C, muy por debajo del estándar invernal de 21 °C establecido para edificios gubernamentales en agosto de 2022. Los agentes, que suelen trabajar turnos de 13 horas de 6 de la mañana a 7 de la tarde, deben llevar abrigos pesados y anoraks incluso mientras comen o redactan informes. Radiadores de aceite temporales, algunos propensos a sobrecalentarse o gotear, ofrecen un alivio limitado mientras se espera una pieza de repuesto.

Estos problemas agravan cuestiones de larga data que se remontan al menos a cinco años. La iluminación sigue siendo tenue, con más bombillas fundidas que funcionales. Las paredes se desmoronan en algunos puntos, las sillas están parcheadas con cinta adhesiva marcada por la policía y las ventanas de plástico no sellan contra las corrientes de aire. Las áreas de registro son inutilizables por huecos y puertas mal ajustadas. El saneamiento ha fallado repetidamente: los aseos para detenidos se obstruyeron en 2024, extendiendo olores; el suministro de agua se cortó durante un mes en octubre de 2021, obligando a los agentes a usar las instalaciones de los aduaneros hasta que se resolvieron las restricciones presupuestarias. Reparaciones previas tras una riada repentina y averías en la calefacción central —como hace cuatro años y hace dos con una bomba de calor de potencia insuficiente— han resultado inadecuadas y se han deteriorado rápidamente.

Agentes de la Unidad de Fronteras e Inmigración describen el lugar como «abandonado» y similar a un «trato degradante», dependiendo en gran medida de registros en papel ante ordenadores obsoletos. Señalan que problemas menores se agravan por reparaciones demoradas, un patrón también visto en el puesto de Baladrà en la frontera francesa. Las recientes mejoras en la flota de vehículos no han abordado los males del edificio.

«Nos hemos mantenido en silencio para dar tiempo a reparaciones adecuadas», han dicho fuentes, expresando frustración tras quejas previas que solo generaron parches temporales. No se han anunciado soluciones permanentes.

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