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Política·

Defensor del Pueblo advierte a Andorra de riesgos de exclusión digital en la administración

Ismael Rins instó a la administración pública andorrana a ofrecer alternativas analógicas en la transformación digital para proteger los derechos de quienes no pueden o no quieren digitalizarse. Alertó contra la exclusión por IA y abogó por intervención humana.

Claves

  • Ismael Rins defiende el 'derecho a la no digitalización' para grupos vulnerables como ancianos, discapacitados y pobres rurales.
  • Señaló peligros de herramientas digitales obligatorias que generan exclusión social y pidió opciones analógicas y supervisión humana.
  • El acto en Centre Cultural La Llacuna atrajo a 100 empleados; Xavier Cañada elogia el interés y promete vigilancia ética de la IA.
  • Cañada prioriza cerrar la brecha digital, con sesiones de seguimiento y informe de quejas 2025.

Ismael Rins, secretario técnico de la Federación Iberoamericana de Ombudsman, alertó sobre los riesgos de la transformación digital en la administración pública durante una sesión de formación organizada por el Defensor del Ciudadano de Andorra. Ante unos 100 trabajadores de la administración y personal de entidades públicas en el Centre Cultural La Llacuna, subrayó la necesidad de proteger los derechos fundamentales de quienes no pueden o no quieren usar herramientas digitales.

El evento, titulado "Inteligencia Artificial, Digitalización y Derechos Humanos en la Administración Pública", tuvo lugar el jueves. Rins, ex ombudsman en Río Cuarto, Argentina, defendió un "derecho a la no digitalización" y argumentó que las administraciones deben ofrecer opciones analógicas junto a las digitales. Destacó vulnerabilidades asociadas a la edad, la discapacidad, la ubicación rural, la pobreza o la elección personal, y advirtió de que los procesos digitales obligatorios podrían generar nuevas formas de exclusión social.

"La digitalización ofrece oportunidades, pero también conlleva peligros", dijo Rins, y abogó por un enfoque más humano que acomode las complejidades de la vida en lugar de formatos binarios sí/no reminiscentes de las redes sociales. Insistió en mantener la supervisión humana en los sistemas automatizados para gestionar excepciones, como situaciones urgentes pasadas por alto por los algoritmos. Aun tras décadas de avances digitales, el voto sigue siendo en papel, señaló, y sugirió que las tareas administrativas cotidianas no deberían ser más restrictivas.

Xavier Cañada, Defensor del Ciudadano de Andorra, elogió la alta participación como prueba del interés institucional. Posicionó su oficina como vigilante de los riesgos éticos de la IA y las herramientas digitales, más allá de sus ganancias de eficiencia. La legislación obliga a monitorear posibles vulneraciones de derechos, incluidas barreras de acceso que amplían la brecha digital —como para un octogenario sin familiaridad con ordenadores frente a un veinteañero experto en tecnología—. Cañada enfatizó preservar la proximidad entre administración y ciudadanos, sin detectar aún problemas graves pero con una concienciación proactiva esencial. La oficina prevé posibles sesiones de seguimiento y presentará pronto su informe de quejas de 2025 al Consell General.

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