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Politica·

Andorra conmemora el 33 aniversario de su Constitución con una mesa redonda sobre los orígenes de 1989-1992

El Consejo General acoge un debate con figuras clave que repasan las luchas preconstitucionales, tensiones con los copríncipes y el camino al referéndum de 1993

Sintetizado a partir de:
AltaveuBon DiaDiari d'Andorra

Claves

  • Mesa redonda moderada por Yvan Lara con Albert Gelabert, Josep Dallerès, Jordi Mas y Vicenç Mateu.
  • Discutieron frustraciones de 1970-1992: reformas rechazadas, dominio coprincipesco, bloqueos legislativos.
  • Catalizadores: protestas, caso robo 1986 en TEDH, presión Mitterrand, impulsos parroquiales.
  • Gelabert lideró disolución Consejo 1992; constitucionalistas ganaron elecciones y aprobaron referéndum 1993.

El Consejo General acogió el jueves por la noche una mesa redonda en su vestíbulo para dar inicio a las conmemoraciones del 33 aniversario de la Constitución de Andorra de 1993. Titulada «El proceso constituyente de Andorra: Los primeros pasos (1989-1992)», el evento recogió los recuerdos de figuras clave en la antesala del referéndum constitucional del 14 de marzo de 1993.

El politólogo Yvan Lara moderó el debate de 90 minutos, organizado junto a GESCO, el grupo de antiguos síndicos y consejeros generales. Los participantes incluyeron a Albert Gelabert, síndico general en aquella legislatura tras suceder al enfermo Josep Maria Beal; Josep Dallerès, entonces ministro de Educación, Cultura y Juventud; Jordi Mas, consejero general y antiguo cónsul de Encamp; y Vicenç Mateu, secretario general técnico del Gobierno. Ton Cerqueda, cónsul menor de Andorra la Vella de 1984 a 1991, no pudo asistir por motivos de salud.

Los ponentes diseccionaron las frustraciones institucionales de la era preconstitucional, empezando por los debates de los años 70. Dallerès señaló que las charlas de reforma se intensificaron alrededor de 1976-1977, cuando los consejeros Òscar Ribas y Enric París recibieron el encargo de redactar propuestas —hasta seis de las cuales fueron rechazadas en medio de divisiones—. La «Reformeta» de 1981 recibió duras críticas por no frenar el dominio de los copríncipes sobre las decisiones del Consejo ni aliviar las restricciones al Ejecutivo, entonces llamado Consell Executiu.

Las tensiones alcanzaron su punto álgido en la legislatura fragmentada de 1989-1992, marcada por batallas políticas diarias, desacuerdos con los copríncipes, rupturas con la Delegación Permanente y el creciente poder de los vegueros sobre la policía y la justicia. Mas apuntó a la falta de unidad de los andorranos como factor que amplificaba el poder coprincipesco, mientras que Mateu recordó decretos obviados, como uno para el sometent, por su excesiva intromisión. Los grupos parroquiales impulsaron constituciones en las plataformas de 1989, pero la fragmentación paralizó la acción.

Los catalizadores incluyeron protestas públicas que invadieron la Casa de la Vall, bloqueos operativos —como consejeros que impedían sesiones por multas personales— y presiones externas. Un robo en un hotel de Andorra en 1986, que involucró a un joyero de Barcelona, llevó a la detención de un checo y un hispano-checo que recurrieron al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, exponiendo debilidades judiciales y provocando el escrutinio del Consejo de Europa, incluidas protestas contra Josep Pintat. El cambio de François Mitterrand transfirió los asuntos andorranos del Quai d'Orsay al Elíseo, presionando al copríncipe episcopal inmovilista.

Gelabert, traído como síndico externo de La Massana, supervisó la autodesolución del Consejo en enero de 1992 en medio de la presión pública, allanando el camino a unas elecciones en las que triunfaron los constitucionalistas. Los 28 nuevos consejeros, elogiados por dejar de lado las luchas partidistas, impulsaron el proceso hasta el referéndum de 1993.

Gelabert reflexionó que la política partidista actual hace difícil esa unidad: «Es muy difícil porque hay una gran diferencia: hoy hay partidos y los partidos politizan todo». Enfatizó que se trataba de su opinión personal. Mas evocó la atracción colectiva de la época hacia el acuerdo.

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