Exiliado bahá’í iraní en Andorra teme regreso tras desafiar al régimen
Badí Daemi, residente de Andorra desde hace tiempo, no ha visitado Irán desde 2004 por riesgos de persecución como bahá’í, en medio de una represión que se intensifica.
Claves
- Salió de Irán en 1975, dejó de visitar tras confrontación con delegación iraní en congreso de Barcelona en 2004.
- Familia en riesgo: cuñado encarcelado por hablar de la fe bahá’í; preocupaciones por la policía de la moralidad.
- Cita promesas revolucionarias incumplidas como servicios gratuitos, ahora con inflación rampante.
- Pide ONU reformada sin vetos, cita a Bahá’u’lláh sobre unidad humana ante ataques de EE UU e Israel.
Badí Daemi, un iraní residente en Andorra durante los últimos 40 años, no ha regresado a su país natal desde 2004 por temor a su seguridad como miembro de la fe bahá’í, perseguida.
Daemi abandonó Teherán a los 17 años en 1975, cuatro años antes de que la Revolución Islámica derrocara al régimen del Sha. Su familia se instaló en Pamplona, España, pero mantuvo lazos con Irán pese a los riesgos para los bahá’íes. Regresó en 1980 para casarse con su esposa, madre de sus hijas, y la pareja se mudó a Andorra cinco años después.
Las visitas regulares a Irán terminaron para Daemi tras un congreso mundial de religiones en Barcelona en 2004. Allí, una delegación iraní afirmó que el país era un refugio para minorías religiosas. Daemi cuestionó sus declaraciones como representante de la comunidad bahá’í de Andorra, lo que le llevó a concluir que regresar supondría un peligro. «Si volviera a Irán, podría correr peligro», relató recientemente.
Desde Andorra, Daemi ha visto intensificarse la represión con los años. Describió la persecución étnica y religiosa contra grupos como los baluchis —musulmanes suníes a los que se les niegan sus propias mezquitas— y los kurdos, junto con las redadas de la policía de la moralidad contra las mujeres que preocuparon a sus familiares femeninas en sus viajes. Un cuñado pasó cinco años en prisión tras explicar la fe bahá’í a alguien que resultó ser un agente secreto que tendía una trampa.
Daemi resaltó las promesas incumplidas del régimen desde sus días revolucionarios, como la luz y el agua gratuitas. En cambio, la inflación desbocada exige ahora ingresos elevados solo para llegar a fin de mes.
Hoy, con los recientes ataques de EE UU e Israel contra Irán, la distancia emocional parece a la vez más corta y mayor. Daemi mantiene contacto estrecho con su familia, pilar de la cultura persa. Los hermanos de su esposa viven en Sari, lejos de las zonas de bombardeos, aunque recientemente perdió el contacto temporalmente con un primo en Teherán. La comunicación se produce en ráfagas esporádicas, transmitidas a través de familiares.
Sobre los ataques, Daemi abogó por el realismo, señalando opiniones de expertos que indican que buscan limitar el acceso de China al petróleo y desafiar la hegemonía iraní. Aun así, enfatizó la responsabilidad colectiva: «La humanidad y el pueblo persa no pueden tolerar más injusticia de la que están sufriendo. Esto cambiará, aunque no sé cuándo».
Citó a Bahá’u’lláh, profeta de la fe: «La humanidad es como un árbol, y todos los seres humanos son sus frutos, hojas y ramas; no hay buenos ni malos, como en una película del Oeste». Pidió una ONU reformada sin derechos de veto, centrada en las personas, los animales y el planeta, para poner fin a los conflictos alimentados por la división.
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: