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Politica·

Grupo andorrano de privacidad exige garantías ante la ampliación de videovigilancia de las parroquias por 2 millones de euros

APRi advierte de que el despliegue previsto de cámaras en espacios públicos y corporales a partir de 2026 debe justificarse, ser proporcional y someterse a supervisión independiente.

Sintetizado a partir de:
Bon DiaARAAltaveuDiari d'Andorra

Claves

  • Las parroquias prevén invertir unos 2 millones de euros para añadir cámaras en espacios públicos a partir de 2026.
  • APRi exige justificación, proporcionalidad, transparencia, supervisión independiente y evaluaciones de impacto publicadas.
  • El grupo advierte contra reconocimiento facial, perfilado automatizado, captura de audio, transferencias internacionales de datos y dependencia de proveedores.
  • Recomienda medidas menos intrusivas (iluminación, diseño urbano, patrullas), límites estrictos de propósito, auditorías y normas rigurosas para bodycams.

Andorran Privacy Rights (APRi), una comunidad recién formada que promueve los derechos digitales y la privacidad, ha pedido un debate público y estrictas garantías tras el anuncio de las autoridades parroquiales de ampliar la videovigilancia a partir de 2026. Funcionarios en una reciente reunión de cónsules indicaron que las parroquias prevén invertir unos 2 millones de euros para instalar cámaras en espacios públicos.

APRi ha afirmado que cualquier ampliación de la vigilancia debe justificarse, ser proporcional y transparente, y someterse a supervisión independiente. Aunque reconoce que las cámaras pueden ayudar a la seguridad local, el grupo advierte de que un despliegue más amplio afecta derechos fundamentales como la privacidad y la libertad de movimiento, por lo que requiere sólidas garantías legales y técnicas.

La comunidad ha alertado específicamente contra avances hacia una vigilancia «inteligente», incluidos el reconocimiento facial y otras tecnologías de perfilado automatizado, que han sido controvertidas en otros lugares. En un Estado pequeño como Andorra, argumenta APRi, la densidad de cámaras puede volverse rápidamente desproporcionada respecto al riesgo real: el tamaño del país y su tejido social ya facilitan las investigaciones y el control policial, por lo que el caso para multiplicar los dispositivos debe ser especialmente sólido.

APRi recomienda priorizar medidas menos intrusivas para mejorar la seguridad pública, como una mejor iluminación callejera, diseño urbano preventivo, mayor presencia policial y protocolos y formación mejorados. La videovigilancia, según el grupo, debe ser una herramienta complementaria y no el pilar central de un modelo de seguridad.

La comunidad también ha señalado riesgos vinculados a transferencias internacionales de datos y la dependencia de proveedores concretos. Las elecciones de equipos y software pueden exponer imágenes o metadatos a jurisdicciones extranjeras; por tanto, elegir hardware y software es crucial para la protección de datos y la soberanía tecnológica. APRi insta a que las soluciones adoptadas cumplan estándares de seguridad elevados y que las decisiones de contratación se justifiquen públicamente.

APRi destaca que muchos sistemas de cámaras modernos incluyen micrófonos incluso cuando no se supone que se graba audio. Dado que la grabación de audio supone una intrusión mucho mayor en la privacidad y puede captar situaciones especialmente sensibles, el grupo afirma que se necesitan garantías verificables y normas aplicables, no solo declaraciones de intenciones.

Para evitar la deriva de funciones, APRi pide definiciones precisas de los fines para los que se pueden usar los sistemas de vigilancia. La experiencia en otros países muestra que las cámaras pueden reutilizarse para fines no previstos —por ejemplo, control de trabajadores, seguimiento amplio de movimientos o vigilancia masiva— salvo que existan límites legales, protocolos operativos y auditorías independientes periódicas.

La comunidad también sigue las propuestas para equipar a los agentes de tráfico con cámaras corporales. APRi reconoce que las bodycams pueden aumentar la transparencia en algunas intervenciones, pero advierte de que afectan significativamente la privacidad de las personas grabadas, especialmente en situaciones de vulnerabilidad. Citando directrices de autoridades europeas de protección de datos, el grupo afirma que cualquier despliegue debe garantizar un uso proporcional, activación restringida, almacenamiento seguro y acceso limitado a las grabaciones.

APRi insta a las autoridades a abrir un diálogo público sobre los planes, publicar evaluaciones de impacto y establecer mecanismos de supervisión vinculantes antes de proceder con instalaciones a gran escala. El grupo afirma que esos pasos son necesarios para equilibrar los objetivos de seguridad pública con la protección de los derechos individuales.

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