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Politica·

Altos cargos policiales negaron haber espiado las cuentas de la familia Pujol en Banca Privada d'Andorra o haber coaccionado

información durante el juicio a la familia de Jordi Pujol, en medio de acusaciones mutuas y lapsos de memoria.

Sintetizado a partir de:
Diari d'AndorraAltaveu

Claves

  • Pino admitió recibir datos bancarios de Pujol de Martín-Blas pero los pasó a la UDEF, negando implicación política u Operación Cataluña.
  • Martín-Blas describió reuniones fallidas con BPA que arrojaron un documento irrelevante de Pujol que destruyó, y presión a directivos hacia el FBI.
  • Villarejo alegó coacción judicial, confirmó tarea de inteligencia sobre Pujol pero negó filtraciones o lazos cercanos.
  • Díaz admitió contactos con BPA e informe sobre Pujol pero negó buscar datos, invocando secreto diplomático.

Altos cargos de la Policía española vinculados a la «policía patriótica» negaron bajo juramento en la Audiencia Nacional el martes que espiaran las cuentas bancarias de la familia Pujol en Andorra o coaccionaran a terceros para obtener detalles comprometedores. En el juicio a la familia del expresidente catalán Jordi Pujol, Eugenio Pino, Marcelino Martín-Blas, José Manuel Villarejo y Bonifacio Díaz intercambiaron acusaciones, mostraron frecuentes lapsos de memoria y pusieron el foco en Banca Privada d'Andorra (BPA) como eje central en medio del procés catalán.

Eugenio Pino, exdirector adjunto operativo de la Policía Nacional en 2014, declaró en primer lugar. Reconoció haber recibido datos bancarios relacionados con Pujol de Martín-Blas, pero afirmó que no conocía su origen y los pasó a la UDEF, unidad de delitos económicos, sin involucrar a políticos. Pino se distanció de la «Operación Cataluña» y negó reuniones con el empresario Javier de la Rosa, Victoria Álvarez o la exlíder del PP catalán Alicia Sánchez-Camacho. Describió un almuerzo de boda con Martín-Blas y figuras de BPA como Higini Cierco, pero insistió en que no se hablaron cuentas de Pujol, afirmación que Martín-Blas contradijo después.

Martín-Blas, exjefe de Asuntos Internos, detalló dos reuniones con el que fue director adjunto de BPA, Joan Pau Miquel. En junio de 2014, Pino le indicó que se reuniera con un «colaborador» en el hotel Villa Magna de Madrid; Miquel acudió pero no aportó nada tras una pausa en el baño. Días después de la boda a la que asistieron Cierco y el abogado José María Fuster-Fabra, Miquel entregó un documento antiguo sin firma ni sello que mencionaba a Jordi Pujol y 1 millón de euros —probablemente pesetas—, que Martín-Blas destruyó por irrelevante. Aclaró que no guardaba relación con la captura de pantalla de El Mundo sobre depósitos de la familia Pujol y admitió haber dirigido a directivos de BPA presionados hacia el FBI.

Villarejo, que declaró en mangas de camisa, se mostró combativo, alegó coacción judicial y se negó a verificar notas atribuidas sin sus archivos incautados. Confirmó un encargo de Martín-Blas para inteligencia sobre Pujol, pero negó filtraciones a El Mundo o lazos cercanos con Álvarez, pese a vínculos previos en acciones contra Pujol. Distinguió la jurisdicción española de la andorrana.

Bonifacio Díaz —exinspector jubilado y que fue agregado de Interior en la embajada de España en Andorra, que compareció por videoconferencia desde su casa— admitió contactos con BPA, incluido un buen rapport con su secretaria jurídica, pero negó buscar datos de Pujol. Confirmó haber coescrito un informe corporativo sobre Oleguer Pujol para la Fiscalía Anticorrupción. Díaz se mostró incómodo con preguntas sobre facilitar acceso a su sucesor Celestino Barroso, que supuestamente amenazó a Miquel en una grabación; invocó el secreto diplomático pero respondió a la mayoría de las cuestiones. Negó conocer detalles de la reunión de Villa Magna hasta las informaciones periodísticas y afirmó no haber recibido directriz de Martín-Blas para datos de Pujol.

La fiscalía sostiene que Andorra queda fuera del caso, pero los testigos subrayaron la centralidad de BPA. Un error de programación impidió la comparecencia de Barroso —los abogados citaron el segundo apellido equivocado y contactaron a un jubilado no policial— y exigen que declare, señalando su último puesto conocido en la comisaría de Via Laietana en Barcelona. La sesión puso de manifiesto evasivas y pasarse la pelota en medio de los problemas judiciales de los testigos.

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