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Cultura·

Nacho Rovira presenta 60 máscaras globales en exposición de Ordino

La pasión de décadas del coleccionista Nacho Rovira por las máscaras brilla en la nueva muestra de Ordino, que fusiona su historia personal con rituales de Siena a Rumanía que canalizan tradiciones ancestrales y miedos modernos.

Claves

  • 60 máscaras de 44 países, con énfasis en tradiciones europeas de España, Portugal, Italia y Rumanía.
  • Destacan capgròs de Begur, réplica de ossa de Ordino, Patum de Berga y máscaras fúnebres Chiparus rumanas.
  • Parte del proyecto 'Unveilling the Arts and Works Behind the MASKS', comisariado por Pilar Panero.
  • Hasta el 23 de agosto en l’Era del Raser, con rituales ligados a la UNESCO.

Nacho Rovira, coleccionista de 67 años de Begur, ha inaugurado la exposición *Masks* en l’Era del Raser, en Ordino, con unas 60 piezas de su colección de más de 200 máscaras recopiladas en 44 países durante décadas de viajes por el mundo. La muestra, que se prolonga hasta el 23 de agosto, destaca ejemplos europeos de España, Portugal, Italia y Rumanía, incluidos 50 vinculados a tradiciones de Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.

La fascinación de Rovira por las máscaras comenzó a los 22 años con piezas de Siena. Las considera recipientes de tradición —del latín *traditio*, o «entrega»—, que transmiten creencias, celebraciones y respeto a los antepasados y a los difuntos a las nuevas generaciones. Su cumpleaños el 2 de noviembre, Día de los Difuntos, añade una capa personal, señala.

Entre las piezas destacadas figuran el *capgròs* Capitán Araña de Begur del festival de verano de los «indios», ligado a emigrantes del siglo XVIII que prosperaron en Cuba. La máscara de oso *ossa* de Ordino hace de anfitriona, representada por una réplica de fibreglas de 2024 elaborada por Arnau Codina; el original permanece en el Comú desde entonces. Rovira hizo la copia para apoyar la tradición del *compadreo* de ayuda mutua, garantizando la continuidad si fuera necesario. Otros destacados son la máscara de la Patum de Berga, los *caretos* de Podence y el Diablo de Lazarim de Portugal, el *chocalheiro* de Miranda do Douro, máscaras venecianas italianas como la *antifaç*, *bauta* y *Medusa*, los *jarramplas* de Piornal en España y demonios de *Els Pastorets*, la figura de la Muerte de Verges, y las máscaras fúnebres Chiparus de Nereju, en Rumanía. Usadas en rituales para ancianos comunitarios, las Chiparus implicaban danzas y choques cómicos alrededor de hogueras para aliviar a las familias en duelo.

La exposición forma parte de *Unveilling the Arts and Works Behind the MASKS*, un proyecto que involucra a España, Portugal, Rumanía e Italia, comisariado por la antropóloga Pilar Panero, de la Universidad de Valladolid. Panero explica el atractivo universal de las máscaras a través de culturas e historia, desde el Neolítico, encarnando a menudo temores a las fuerzas de la naturaleza, la oscuridad o la pérdida de identidad. En contextos tradicionales, evocan ritos del solsticio de invierno durante los «12 días mágicos» de Navidad a Epifanía; hoy, reflejan ansiedades modernas.

Rovira enfatiza la difusión por encima de la mera preservación para poner en valor este arte infravalorado. Las máscaras proporcionan anonimato, dice, liberando facetas ocultas del yo como una «droga primordial». Panero añade que pueden representar lo que deseamos o tememos, no solo disfraz.

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