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Medio ambiente·

Sant Julià de Lòria invierte 60.000 € en el bosque de Feners de Juberri para reducir riesgos de incendio

La parroquia elimina biomasa sobrante de 11 hectáreas en este monte para mitigar amenazas de fuego cerca de viviendas, según un plan actualizado que prioriza zonas de conexión entre bosques y áreas urbanas.

Claves

  • Objetivo: 11 hectáreas en Feners de Juberri con 60.000 € para aclarar pinos y potenciar encinas.
  • Mejora biodiversidad, restaura pastos y adapta al cambio climático.
  • Expansión a 152 hectáreas en la parroquia en una década tras años de abandono.
  • Crea franjas tampón para frenar el fuego y facilitar accesos contra incendios.

Sant Julià de Lòria ha iniciado los primeros trabajos de gestión forestal según un nuevo plan para el período 2027-2030, que abarca 11 hectáreas en el bosque de Feners de Juberri con una inversión de 60.000 euros para reducir los riesgos de incendios cerca de las viviendas.

Los trabajos, que ya están en marcha en esta zona sensible entre el pueblo de Juberri y el bosque de Rabassa —incluida la zona de Naturland—, buscan gestionar activamente los bosques para mejorar su salud y resiliencia. Cerni Cairat, el primer cónsul, explicó que el enfoque va más allá de una simple limpieza. Pretende aumentar la biodiversidad y la recuperación de la fauna, restaurar pastizales para el sector primario y adaptar la composición forestal a las condiciones climáticas cambiantes mediante la tala de pinos rojos jóvenes o débiles y bojes. Esto favorece especies nativas menos inflamables como robles, encinas y cerezos silvestres que ya emergen de forma natural bajo el dosel de pinos.

El presupuesto supone un fuerte aumento respecto a los 20.000 euros de 2025, lo que permite esta primera fase. Los responsables planean incrementar el gasto y extenderlo a otras zonas de la parroquia como Comabella, los alrededores de Montllobar, Naturland, los bosques de Francolí y Canòlich durante la próxima década, cubriendo un total de 152 hectáreas. Estudios previos destacaron décadas de abandono tras el fin de la explotación maderera tradicional, que ha provocado un denso crecimiento de pinos rojos y una gran acumulación de combustible. La creación de franjas tampón de baja densidad interrumpirá la continuidad del combustible, frenará la propagación potencial del fuego y facilitará el acceso a los bomberos.

El ingeniero forestal Esteve Tor, responsable del plan aprobado el año pasado, describió el lugar como un aprovechamiento de los cambios naturales. Especies de hoja caduca como el roble martinenc en zonas más húmedas y la encina en áreas más secas de garriga están ganando terreno y ascendiendo en altitud debido a las tendencias climáticas. Las intervenciones forman una media herradura tampón por debajo de la cota de los 1.600 metros en Montllobar, con talas selectivas durante los primeros cinco o seis años para que predominen las frondosas. Los restos vegetales se trituran y esparcen para devolver nutrientes, favoreciendo micromamíferos y vida del suelo sin dañar la biodiversidad. El terreno de Andorra suele limitar los incendios canalizándolos cuesta arriba hasta las crestas, pero las pendientes más suaves de Rabassa y el tráfico de visitantes en Naturland aumentan la urgencia.

Cairat señaló el creciente papel de los drones en el análisis e inventarios forestales en otros lugares, que ofrecen vistas aéreas precisas a bajo coste adicional —aunque la parroquia aún no los ha adoptado de forma rutinaria—. Espera que su uso se extienda en Andorra para la planificación. «Sin esta gestión, un incendio aquí supondría un gran desafío», advirtió Cairat.

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