Cuándo pedir ayuda: Ramón Puente sobre el rescate de empresas en crisis
El mentor de empresas Ramón Puente aconseja a los emprendedores que busquen ayuda externa de inmediato cuando la compañía está en crisis.
Claves
- El mentor de empresas Ramón Puente aconseja a los emprendedores que busquen ayuda externa de inmediato cuando la compañía está en crisis.
A menudo la diferencia entre la quiebra y la supervivencia radica en el momento y la orientación. Ramón Puente, que trabaja como mentor de empresas en crisis, dice que su rol es ayudar a los emprendedores a gestionar la emergencia. Muchas empresas están preparadas para crecer, pero cuando colapsan sus líderes se ven desbordados y necesitan ayuda externa para ver las opciones.
El momento de pedir ayuda es cuanto antes. Si la empresa tiene una herida que sangra, hay que detenerla. Una vez solicitada la asistencia, el primer paso es un diagnóstico: analizar el modelo de negocio, la gestión y la deuda. En quince días o menos debe estar clara la situación y la estrategia, hay que tomar decisiones, iniciar negociaciones con los bancos y establecer un plazo de recuperación —o, si el cierre es inevitable, planificar un aterrizaje suave—. «Si caes, que al menos sea por el lado verde de la montaña», dice.
Las causas comunes de fracaso incluyen la incapacidad para cumplir con las obligaciones de deuda, malas inversiones y una gestión defectuosa. El caso más difícil es cuando falla el propio modelo de negocio, porque entonces encontrar soluciones es complicado. Los errores son normales, señala, pero cuando un error puede afectar estructuralmente a la empresa se convierte en un problema grave. Los responsables de las decisiones deben entender las consecuencias de sus elecciones, y las circunstancias personales importan: un error a los 20 años no es lo mismo que uno a los 57 con tres hijos. Los emprendedores necesitan ser claros sobre su situación y lo que pueden permitirse perder.
Muchas empresas sí se recuperan; a menudo solo necesitan tiempo para poner en orden sus asuntos y hacer frente a las deudas, aunque la facturación puede no volver a niveles anteriores. La parte más difícil del proceso de recuperación, dice Puente, es admitir un error y aceptar ayuda. Puede sentirse como la muerte de un familiar: se minimizan los problemas hasta que no se puede pagar a proveedores o empleados, y los sentimientos de culpa y vergüenza son intensos. Pero cuando los propietarios aceptan el fracaso y actúan, se convierten en la herramienta esencial de la solución.
Puente se basa en su experiencia personal. Su propia empresa colapsó en 2000 tras un desacuerdo entre socios. El proceso fue duro, pero aprendió de él y más tarde fue contactado por un fondo de inversión; haber vivido el proceso le permitió ayudar a otros. Revivir ese episodio no es solo doloroso, dice, sino que proporciona herramientas para entender situaciones y asesorar. Una reacción común es culpar a los demás; su trabajo es ayudar a los líderes a asumir la responsabilidad, porque solo entonces pueden mejorar.
Fuentes originales
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