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Negocios·

El proyecto de lujo de El Tarter desata demanda de inversores

Un desarrollo inmobiliario de 47 millones de euros en Andorra cerca de las pistas de Grandvalira se ha convertido en una amarga disputa legal entre la familia Martínez y el gestor del proyecto.

Sintetizado a partir de:
Diari d'Andorra

Claves

  • Arbres del Tarter: 45 apartamentos, 4 locales comerciales, 69 plazas de aparcamiento, valorado en 47 M€ con beneficio esperado de 15 M€.
  • Familia Martínez alega estafa de Alberto Fernández, pérdidas superiores a 50 M€ en Andorra y Marbella.
  • Fernández replica: construcción completada, familia revocó poderes de venta tras recibir depósitos de compradores.
  • Batallas legales en juzgado penal de Madrid y tribunal civil de Andorra; propiedades sin vender pese a estar terminadas.

Un desarrollo inmobiliario de lujo en El Tarter ha desatado una amarga disputa legal entre sus inversores, convirtiendo una prometida ganancia multimillonaria en una batalla judicial.

El proyecto Arbres del Tarter, situado junto a las pistas de esquí de Grandvalira, estaba valorado en 47 millones de euros e incluía 45 apartamentos, cuatro locales comerciales y 69 plazas de aparcamiento. Los promotores esperaban venderlo en tres meses, con un beneficio neto superior a 15 millones de euros. En cambio, la iniciativa se ha estancado en medio de acusaciones mutuas de incumplimiento de contratos.

Por un lado, los herederos de la familia Martínez —antiguos propietarios de Repostería Martínez, vendida a Bimbo en 1999— alegan que cayeron en una estafa planeada por asesores legales y colaboradores de confianza, incluido el gestor del proyecto Alberto Fernández. Afirman haber perdido más de 50 millones de euros en operaciones en Andorra y Marbella, acusando a Fernández y otros de ocultar detalles clave para desviar fondos. La familia realizó la inversión a través de la empresa andorrana Entre 4 SLU, donde Clara Isabel Martínez es administradora, y su sociedad holding española Inversiones Montellano SL.

Fernández, administrador único de la empresa andorrana Residencial Altavista SLU, niega rotundamente cualquier irregularidad. Su versión sostiene que completó la construcción y tenía poderes para vender las unidades, con compradores que pagaron hasta el 50 % por adelantado —fondos recibidos por la familia—. Cuando llegó el momento de las escrituras definitivas, la familia revocó su autorización, paralizando los trámites. Se remiten a un acuerdo firmado que estipulaba que las unidades no vendidas se dividirían para devolver las inversiones más un 20 % de intereses, y señalan que la familia ya había recuperado gran parte de su participación mientras el proyecto aguardaba certificaciones técnicas.

El enfrentamiento tiene dos frentes: una denuncia penal presentada por la familia Martínez en el Juzgado de Instrucción nº 52 de Madrid, y una demanda civil previa de Fernández en Andorra. Las propiedades siguen bloqueadas: algunos compradores no pueden formalizar las escrituras, otros están en el limbo por la titularidad.

El conflicto se extiende a internet: una entrevista con Fernández promocionando el proyecto como un éxito de alta gama en el sitio de Abast Global ha desaparecido, al igual que el redireccionamiento del dominio residencialaltavista.ad. La disputa pone de manifiesto tensiones en la gestión de la herencia familiar tras la venta, originada en su imperio de panaderías en Burgos.

El edificio está terminado, pero la resolución depende de los tribunales, dejando las unidades más caras de El Tarter —algunas por encima del millón de euros— como símbolos de una sociedad rota.

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Fuentes originales

Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: