La Manduca Gourmet Shop cierra tras 61 años en Andorra
Teresa Alàs, de 76 años, cierra la tienda familiar de productos gourmet en Andorra la Vella por el alza de la renta, planes de reforma y su edad.
Claves
- Propiedad de la familia Alàs desde 1965; especializada en foie gras, caviar, frutas premium y alcoholes.
- Cierre por aumento de renta de nuevos propietarios, contrato a largo plazo y reformas de fontanería en el edificio.
- Alàs, de 76 años, lo atribuye a su decisión por la edad avanzada; local dejado vacío.
- Planes de jubilación activa con estudios; agradecida a clientes leales, 'amigos'.
Teresa Alàs ha cerrado La Manduca, la tienda de productos gourmet de alta gama en Andorra la Vella que sus padres abrieron en 1965 y que ella dirigió durante 61 años.
La tendera de 76 años entregó las llaves el jueves 12 de septiembre, poniendo fin a la actividad en la tienda de la calle Mossèn Cinto Verdaguer, cerca de la Plaça Guillemó. Alàs citó una combinación de factores, entre ellos su edad y los cambios en el contrato de alquiler tras la llegada de los nuevos propietarios del edificio.
«Los anteriores propietarios vendieron el edificio a unos nuevos, y estos propusieron condiciones que no podía aceptar», explicó. El principal problema fue el aumento de la renta, aunque Alàs lo describió como un ajuste estándar en lugar de una subida extrema. «Es normal que las rentas suban cuando llegan nuevos propietarios, igual que pasa con los pisos», dijo. El nuevo contrato también exigía un compromiso a largo plazo, que ella consideró inviable.
Además, los propietarios planeaban reformar la fontanería del edificio, una obra que Alàs juzgó incompatible con el funcionamiento de una tienda de alimentación. «No podía mantener el negocio abierto con una zanja en medio», señaló. Estos elementos, junto con sus años avanzados, hicieron imposible la continuación.
La Manduca se especializaba en productos de alta gama como foie gras, caviar, frutas premium y alcoholes finos, artículos atractivos para clientes exigentes en lugar de compradores habituales del barrio. El negocio mantuvo una rentabilidad constante a lo largo de las décadas, superando altibajos como cualquier empresa.
Alàs expresó pesar por el cierre, pero enfatizó que fue su propia decisión. «Esta mañana eché un último vistazo a la tienda; ha sido parte de mi vida. Pero todo tiene un principio y un final», dijo. El local ha sido desalojado y dejado vacío, con su uso futuro desconocido.
Agradecida a sus clientes fieles —«no solo clientes, sino amigos»—, Alàs afronta ahora la jubilación. Planea mantenerse activa, quizá con más estudios, decidida a «estar al día y no sentarse en el sofá». En casa, bromeó, ordenar le dará ocupación por ahora.
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: