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Adolescente andorrana de 14 años hospitalizada por papel de LSD en escuela

Una alumna de secundaria en Encamp necesitó atención de urgencia tras ingerir papel alucinógeno en clase, lo que genera denuncias y una investigación de la Batllia sobre el proveedor y la respuesta escolar.

Claves

  • Chica perdió el conocimiento y alucinó tras tragar papel con LSD de un compañero el 11 de mayo en la Escola Andorrana de Segona Ensenyança d'Encamp.
  • Atendida en hospital hasta las 20:00; pruebas negativas, pero LSD a menudo no se detecta; se recuperó sin secuelas.
  • Familia denuncia a proveedor, otro alumno y escuela por retraso; Ministerio defiende protocolos y sanciona a ambos alumnos.
  • Caso aislado; se refuerza vigilancia y se pide corresponsabilidad a familias.

Una estudiante de 14 años de la Escola Andorrana de Segona Ensenyança d'Encamp necesitó atención médica tras consumir un papel impregnado de LSD proporcionado por otro alumno durante el horario escolar el 11 de mayo. El incidente, ocurrido alrededor del mediodía, ha motivado una investigación judicial en curso en la Batllia.

La chica afectada, de tercero de ESO, perdió el conocimiento, se desorientó y experimentó alucinaciones, intenso dolor de cabeza, pupilas dilatadas y episodios de risa y llanto. Los servicios de emergencia la trasladaron al hospital, donde permaneció en observación desde aproximadamente las 14:45 hasta pasadas las 20:00. Las pruebas médicas de toxinas en orina y sangre dieron negativo, aunque los especialistas señalaron que tales exámenes no siempre detectan el LSD. Declaró en momentos de lucidez que un compañero le había dado el papel y le instó a tragarlo, mencionando «ácido». Su estado mejoró en los días siguientes sin efectos duraderos.

La familia presentó una denuncia policial al día siguiente contra el presunto proveedor —otro alumno que ha prestado declaración— y contra el centro escolar. Una semana después interpuso otra, alegando que el proveedor y otro alumno intentaron agredir a la chica. Fuentes indican que la familia considera que el colegio retrasó la activación de las emergencias médicas hasta que los padres insistieron camino a las instalaciones.

El Ministerio de Educación sostiene que los protocolos funcionaron correctamente desde el principio. El personal, incluido un trabajador de apoyo, la dirección y un psicopedagogo, atendió a la chica de inmediato. El tutor y el director celebraron reuniones para aclarar detalles y contactaron con la familia, mientras que funcionarios del ministerio coordinaron el seguimiento escolar y domiciliario. Se notificó a la policía con prontitud, como exige el protocolo, y el centro aplicó sus normas internas por conducta grave, imponiendo medidas disciplinarias. Ambos alumnos tienen responsabilidad, según el ministerio: el proveedor por introducir la sustancia, y la consumidora por ingerirla voluntariamente.

Las autoridades describen el caso como aislado y excepcional. Tras el incidente, el colegio recibió instrucciones para reforzar la prevención y el control de las zonas comunes. Continúa el seguimiento del comportamiento, el rendimiento académico y el clima en las aulas, evaluado periódicamente con los servicios técnicos del ministerio.

Casi un mes después, el colegio envió una carta a las familias reconociendo «incidentes aislados pero graves», confirmando la activación de protocolos, la colaboración policial y las acciones disciplinarias. Pidió la «corresponsabilidad» parental, instando a los tutores a mantenerse cerca de los adolescentes —una etapa compleja— y a hablar sobre riesgos de drogas, rechazo a la violencia, responsabilidad personal y búsqueda de ayuda adulta.

La presidenta de la AMPAEA, Susagna Venable, también vocal del claustro, criticó el enfoque mediático desproporcionado que «criminaliza» el centro, al que definió como un colegio normal pese a eventos graves pero aislados. Los padres están divididos —unos preocupados, otros lo ven como puntual—, sin alarma general ni reuniones extraordinarias. El claustro expresó confianza en la dirección, apoyo a la familia afectada y rechazo a comparaciones con entornos caóticos.

El portavoz del Govern, Guillem Casal, elogió el «extraordinario» trabajo del personal, reiteró los protocolos con participación del psicopedagogo y llamó a la responsabilidad compartida entre centros, alumnos y familias, señalando que la droga provenía de fuera.

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