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Fiscalía andorrana pide cárcel condicional y 65.000 euros de multa a familia acusada de ocultar bienes de restaurante a acreedores

La fiscalía andorrana ha solicitado penas de prisión condicional y más de 65.000 euros de responsabilidad civil a una familia acusada de frustrar la recuperación de deudas tras el fracaso de dos

Claves

  • Fiscalía andorrana pide 14 meses de cárcel condicional y 65.000 euros de multa a familia por ocultar bienes de restaurante a acreedores.
  • Caso sobre traslado de mobiliario inventariado de restaurante fallido en Escaldes-Engordany a local de la hermana con 58.000 euros de deuda de alquiler.
  • Padre de 73 años acusado de gestionar ambos restaurantes pese a negarlo; proveedores lo contradicen.
  • Defensa alega traslados abiertos sin intención de eludir; fiscalía rebajó penas de dos años iniciales.

La fiscalía andorrana ha solicitado penas de prisión condicional y más de 65.000 euros de responsabilidad civil a una familia acusada de frustrar la recuperación de deudas tras el fracaso de dos restaurantes en Escaldes-Engordany, con el caso centrado en la transferencia de mobiliario inventariado a un segundo local.

El juicio en el Tribunal de Corts, que comenzó a principios de esta semana, examina un delito grave de obstrucción a los procedimientos de ejecución. El primer restaurante, abierto en 2007 a nombre de una de las hijas en la zona alta de Escaldes-Engordany, cerró en 2015 tras acumular unos 58.000 euros de alquiler impagado desde 2010, más deudas con proveedores. La fiscalía alega que mesas, sillas y frigoríficos del local —sujetos a reclamaciones judiciales— se trasladaron a un segundo restaurante familiar regentado por la otra hija, pese a las demandas del propietario y un proceso de insolvencia de 16 años.

La disputa clave gira en torno a la implicación del padre de 73 años. La fiscalía sostiene que gestionó activamente ambos negocios para preservar los bienes familiares, pese a su registro formal a nombre de las hijas. Proveedores lo contradijeron: un distribuidor de alimentos dijo que los acuerdos eran «siempre directamente con el padre», identificándolo a él y a su esposa como los responsables, mientras que un proveedor de vinos recordó que él gestionaba los pedidos y una deuda de 1.500 euros que llegó a juicio. El padre negó cualquier rol directivo, afirmando que solo ayudaba ocasionalmente como manitas, camarero o atención al cliente, sin tocar finanzas, contratos, cuentas bancarias ni cheques. «Ayudaba si faltaba personal, servía de camarero y hablaba con los clientes, pero no manejaba la caja ni hacía pedidos», dijo al tribunal. Admitió conocer los problemas financieros, intentar renegociar el alquiler con el casero y no tener cuenta bancaria desde hace más de 20 años.

Su testimonio incluyó contradicciones frecuentes, vacilaciones y lagunas de memoria, que atribuyó a problemas de salud recientes —negando contactos con proveedores para luego matizar a «quizá». Insistió en que no había orden de embargo cuando se retiró el mobiliario tras el cierre, alegando que el propietario lo permitió y dirigió los objetos a un almacén, con solo una parte reutilizada en el segundo restaurante.

La primera hija, que tomó las riendas a los 21 años con apoyo financiero y logístico de los padres, reconoció la deuda y cómo la promesa inicial derivó en problemas de pago crecientes. Dijo que sus padres cubrieron algunos gastos y que firmó documentos judiciales sin entenderlos del todo, confiando en profesionales para la gestión administrativa.

La segunda hija declaró que desconocía los problemas legales del primer restaurante al recibir el mobiliario, destacando que este permaneció visible —incluso en fotos promocionales del local— y que «no nos escondíamos de nadie». La fiscalía pide su absolución por falta de pruebas sobre su conocimiento de los embargos, aunque la acusación particular la ve como parte de una estrategia familiar.

La defensa sostiene que la ayuda del padre fue un apoyo familiar típico del sector, con traslados de mobiliario abiertos y sin intención de eludir a acreedores o acciones judiciales. Criticaron a acreedores y autoridades por no reclamar formalmente los bienes durante años: «Si alguien quiere algo, tiene que actuar».

La fiscalía pidió inicialmente dos años de prisión condicional para los tres, pero ajustó a 14 meses para el padre y la primera hija. El fiscal señaló que la ignorancia de la ley no exime de responsabilidades, dado el conocimiento de los embargos desde 2010. La tensión subió durante los interrogatorios, lo que llevó al juez a intervenir ante interrupciones parecidas a un «partido de tenis».

La vista ha concluido con las conclusiones finales, a la espera de sentencia.

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