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Política·

Sindicato de Vivienda de Andorra exige enmiendas a la ley de alquileres para evitar desalojos

El SHA detalla posiciones innegociables para modificar la controvertida ley de descontrol de alquileres, con protecciones contra disparidades injustas y desalojos indirectos antes de 2027.

Claves

  • SHA envía documento a DA y CC para prorrogar contratos post-2021 que expiran en 2027-2030
  • Propone subidas de alquiler ligadas a valores inmobiliarios y poder adquisitivo, fin de aumentos automáticos
  • Pide controles estrictos contra desalojos indirectos como la 'trampa del hijo' con compensación por fraude
  • Impulsa contratos indefinidos como norma y mayor supervisión del mercado inmobiliario

El Sindicat d’Habitatge d’Andorra (SHA) ha enviado un detallado documento de trabajo a los grupos parlamentarios de Demòcrates per Andorra (DA) y Ciutadans Compromesos (CC), en el que expone demandas clave y posiciones innegociables de cara al debate final sobre la ley de descontrol de alquileres, que el colectivo denomina «ley de expulsión programada».

La reunión prevista con los partidos mayoritarios sigue sin fecha debido a conflictos de agenda, pero el SHA ya ha compartido sus propuestas. Estas se centran en enmendar la legislación antes de su aprobación y en obtener compromisos públicos con plazos anteriores a 2027 para evitar que los inquilinos pierdan su vivienda sin una alternativa digna, asequible y estable en el país.

Entre las principales peticiones, el SHA urge extender las protecciones a los contratos de alquiler de vivienda habitual firmados después de 2021 que expiren entre 2027 y 2030. Excluirlos, argumenta el colectivo, generaría disparidades injustas entre inquilinos y beneficiaría a propietarios que renovaron a precios de mercado más altos en años recientes.

Sobre las subidas de alquiler, el SHA reclama una reforma integral, rechazando simples recortes porcentuales. Propone vincular los ajustes a criterios objetivos basados en valores reales de las viviendas y el poder adquisitivo de la población, mediante un índice de precios de referencia. El colectivo exige acabar con las subidas automáticas, que los precios de la vivienda pública sirvan solo como límite máximo con una metodología transparente y verificable, y evitar mecanismos injustificados.

El documento aborda posibles desalojos indirectos, como la «trampa del hijo» —cuando los propietarios recuperan las viviendas alegando uso familiar—. Las propuestas incluyen controles más estrictos, investigaciones automáticas ante sospechas o denuncias antes del fin del contrato, compensación adecuada por fraude probado y derecho de los inquilinos a recuperar la propiedad o que se les vuelva a ofrecer a los niveles de alquiler anteriores ajustados solo por el IPC.

Además, el SHA busca eliminar o revisar lagunas como la recuperación de viviendas para trabajadores vinculados al negocio del propietario, ventas a compradores que pretenden usarla como residencia principal o extinciones ligadas a sanciones de seguridad pública. También cuestiona exenciones para unidades de alto alquiler por encima de 2.500 €, viviendas unifamiliares o notificaciones previas a 2019.

Más allá de los cambios inmediatos, el SHA impulsa reformas estructurales de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAFU), haciendo de los contratos indefinidos la norma para viviendas permanentes, limitando los temporales a casos justificados, regulando alquileres de habitaciones y pisos compartidos, y reforzando la mediación y arbitraje.

Para la supervisión del mercado, propone vincular el registro de la propiedad a un censo integral de viviendas que rastree usos, vacíos y concentración de propiedad, además de una mejor coordinación entre el Gobierno, el Instituto Nacional de la Vivienda (INH) y el Consejo Nacional de la Vivienda.

El SHA elogia el reciente proyecto de ley de DA sobre el registro de la propiedad como un paso positivo, pero insiste en que debe ir más allá de la seguridad jurídica. Destaca el apoyo parcial de grupos de la oposición como PS y Concòrdia mediante enmiendas y muestra disposición a negociar, siempre que las conversaciones produzcan resultados concretos y verificables. Sin ellos, el colectivo advierte de un aumento del conflicto social a partir de 2027.

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