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Salud·

Associació de Celíacs d’Andorra lanza campaña de sensibilización para prácticas sin gluten más seguras y ayudas

Con analogías a venenos en manifestaciones callejeras, la ACEA alerta sobre riesgos de contaminación cruzada, costes superiores a 1.000 € anuales por persona y pide apoyo gubernamental ante casos no diagnosticados.

Claves

  • Associació de Celíacs d’Andorra (ACEA) inicia campaña de un mes con demos callejeras usando analogías con arsénico para riesgos de contaminación cruzada.
  • Pacientes celíacos afrontan costes extra de 1.000-1.200 € al año en alimentos sin gluten y reclaman ayudas gubernamentales.
  • La campaña destaca casos no diagnosticados (70 % global), efectos autoinmunes crónicos y necesidad de protocolos seguros en restaurantes.
  • Eventos coinciden con el Día Internacional del Celíaco el 16 de mayo en parroquias centrales de Andorra.

**La asociación de celíacos de Andorra lanza campaña de sensibilización en medio de demandas de ayuda financiera y prácticas alimentarias más seguras**

La Associació de Celíacs d’Andorra (ACEA) ha iniciado una campaña de sensibilización de un mes en mayo, centrada en actividades callejeras para visibilizar la enfermedad celíaca y la estricta necesidad de que los productos sin gluten estén completamente libres de trazas y contaminación cruzada. Los principales eventos comenzaron el jueves y se prolongaron durante el fin de semana, coincidiendo con el Día Internacional del Celíaco el 16 de mayo.

En las parroquias centrales de Andorra, incluidas Avinguda Carlemany, voluntarios ofrecieron muestras de comida a los transeúntes y luego revelaron que podrían contener trazas de arsénico —un veneno de acción lenta— para ilustrar los riesgos diarios que afrontan las personas con esta condición. Los miembros de la ACEA enfatizaron que la enfermedad celíaca es un trastorno autoinmune crónico, no una simple intolerancia o moda, en el que incluso una mínima exposición al gluten puede dañar los intestinos y provocar problemas como anemia, deficiencias nutricionales o condiciones más graves como diabetes y linfoma intestinal.

La secretaria de la ACEA, Laura Prados, resaltó la carga económica, estimando un coste adicional anual de 1.000 a 1.200 euros por persona en productos básicos sin gluten como pan o pasta, que pueden ser un 150 % más caros que las opciones estándar. «Nuestra dieta es nuestro medicamento», dijo, señalando que si fuera una pastilla, probablemente estaría cubierta por la sanidad pública. Las familias suelen adoptar la dieta sin gluten completa para evitar la contaminación cruzada en casa, lo que multiplica los gastos. Prados contó que el pan de su hija cuesta 12 euros el kilo, y que algunos hogares prescinden de la dieta por los costes, arriesgando complicaciones de salud que recaen en el sistema público.

El grupo reconoce avances —los restaurantes ya conocen el gluten, los supermercados ofrecen más opciones y las normativas desde 2017 exigen etiquetado de alérgenos—, pero advierte de que las etiquetas «sin gluten» a menudo ignoran la contaminación cruzada por cultivo, cocinas compartidas o manipulación. La tendencia sin gluten ha ampliado la oferta, pero ha banalizado la enfermedad, añadió Prados. Ejemplos incluyen lentejas etiquetadas como sin gluten pero con trazas de trigo, o restaurantes que ofrecen menús celíacos sin freidoras separadas ni protocolos.

Para abordar esto, la ACEA planea relanzar su iniciativa de restauración segura, que guía a los restaurantes en protocolos, fichas técnicas y manipulación sin necesidad de cocinas dobles —«solo conocimiento y voluntad», dijo Prados. Algunos establecimientos, como el Restaurant l’Orri, presumen de controles rigurosos de contaminación cruzada sin incidentes reportados, mientras que otros, como el grupo Kanalla, admiten limitaciones pese a ofrecer platos sin gluten.

Con una nueva junta directiva, la ACEA busca retomar las negociaciones con el Gobierno para obtener ayudas específicas, citando apoyos emergentes en Cataluña, España y Francia. Una reciente propuesta española de deducción en el IRPF de hasta 600 euros anuales refuerza su caso. La prevalencia celíaca a nivel global afecta al 1-2 % de la población, potencialmente 200 personas en Andorra, aunque el 70 % pasa años sin diagnóstico por síntomas sutiles.

Historias personales subrayan lo que está en juego: Esther Jover fue diagnosticada a los 39 años tras problemas estomacales de por vida atribuidos a nervios, mientras que Núria Pablos sufrió crisis graves hasta sus 30 años antes de la confirmación. Ambas destacaron que la recuperación de una exposición accidental lleva meses, y urgieron a la sociedad a comprender la «sentencia» de por vida más allá de las dietas de moda.

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