El estrés financiero multiplica por 7 el riesgo de ansiedad, desencadena depresión e infartos
La alta preocupación económica se asocia a graves trastornos mentales, riesgo duplicado de infarto y dolencias físicas como insomnio e hipertensión, según
Claves
- Alto estrés financiero: 7 veces más riesgo de ansiedad grave, 6 veces depresión.
- Triple riesgo de migraña, doble probabilidad de infarto.
- 20% más dolor de espalda, 22% insomnio, 7% hipertensión.
- Educación financiera desde los 6 años con pagas semanales fomenta habilidades de por vida.
El estrés financiero aumenta significativamente el riesgo de graves problemas de salud mental y física, con personas que experimentan altos niveles de preocupación económica enfrentando hasta siete veces más probabilidades de trastornos graves de ansiedad, según datos recopilados por Associated Press-AOL en su informe de la Health Poll, *Debt Stress: The Toll Owing Money Takes on the Body*.
El análisis, basado en múltiples estudios científicos, vincula la intensa presión financiera con casi seis veces más probabilidades de episodios graves de depresión, el triple de riesgo de migrañas o dolores de cabeza, y el doble de probabilidad de infartos. Los síntomas físicos también aumentan bruscamente: un 20% más de probabilidad de dolor de espalda, un 22% más de probabilidades de insomnio y un 7% más de riesgo de hipertensión.
Jordi Martínez, director de educación financiera del Instituto de Estudios Financieros de Barcelona, describió estas conexiones como un "triángulo" interconectado de bienestar financiero, emocional y físico. "Si una pata falla, las otras sufren", dijo. Martínez señaló que, aunque la conciencia sobre la salud física —a través del ejercicio y la dieta— y la emocional ha crecido, especialmente tras la pandemia, las finanzas siguen siendo tabú. "Ya es bastante difícil hablar de dinero con la familia, cuanto más con extraños", observó, añadiendo que este silencio lleva a una comprensión deficiente y a vulnerabilidades, como aceptar ciegamente ofertas bancarias.
Atribuyó el problema a lagunas en la educación formal, instando a la alfabetización financiera desde la infancia temprana tanto en escuelas como en hogares. Evaluaciones internacionales como PISA, que prueban las habilidades financieras de los adolescentes de 15 años, revelan fuertes vínculos con el entorno familiar: los hogares acomodados fomentan discusiones abiertas y cuentas tempranas, mientras que los en apuros asocian el dinero con el sufrimiento.
Martínez recomendó empezar alrededor de los seis o siete años, una vez que los niños dominen las matemáticas básicas, utilizando herramientas como una modesta paga semanal. "No se trata solo de dar dinero, sino de transferir responsabilidad", explicó, para que los niños aprendan a presupuestar pequeñas compras. Las cantidades deben escalar con la edad, pasando a pagas mensuales en la adolescencia para enseñar la gestión de todo un mes, la previsión ante el gasto excesivo y el ahorro para salidas o amigos.
En última instancia, enfatizó que todo el mundo toma decisiones financieras constantes a diario, independientemente de la profesión, y abogó por conocimientos financieros básicos como resultado educativo estándar para promover la autonomía.
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: