Gisella Gil defiende la 'cosmética emocional' que une piel y cerebro
En *Cosmètica emocional* argumenta que la piel es una puerta sensorial al cerebro y aboga por un cuidado cosmético holístico que aborde emociones, estilo de vida y más.
Claves
- Define la «cosmética emocional» como una conexión bidireccional entre piel y emociones: la piel actúa como principal puerta de entrada al cerebro.
- Señala que la piel tiene más de 5.000 receptores/cm²; reacciones como el sonrojo muestran comunicación directa cerebro-piel y expresión emocional.
- Enmarca afecciones (rosácea, psoriasis, dermatitis) como intentos de comunicación en lugar de problemas que solo cubrir.
- Aboga por tratamientos que aborden estrés, estilo de vida y coherencia interna; usa longitudes de onda/frecuencias (Indiba, gongs) y cremas con flores de Bach.
Gisella Gil afirma que la piel es una puerta directa al cerebro y a las emociones, y que el cuidado cosmético debe adoptar un enfoque holístico más allá de los tratamientos tradicionales para la piel. Durante los últimos diez años ha investigado cómo cuidarla desde esa perspectiva y expone sus conclusiones en el libro *Cosmètica emocional*, que promociona esta semana en Andorra.
Preguntada por lo que entiende por «cosmética emocional», lo describe como una nueva categoría y un cambio de paradigma que vincula las emociones con el cuidado cosmético, estableciendo una conexión bidireccional entre los sentimientos y la piel. «La mayor puerta de entrada al cerebro es la piel y no la estamos utilizando», dice. «Hay mensajes que van y vienen entre la piel y el cerebro».
Gil ofrece un ejemplo práctico: sin tocar la piel, una sola palabra puede hacer sonrojar a alguien. «Ese gesto esconde mucha información: primero, que hay una conexión directa entre el cerebro y la piel; segundo, que la piel puede expresar cosas aunque no quieras; tercero, que hay una relación a través del principio de resonancia». Su metodología, afirma, se basa en longitudes de onda y frecuencias, por lo que tratamientos como Indiba o el sonido de gongs tibetanos pueden alterar la emoción.
Insiste en que la piel es un órgano vivo que percibe más de lo que la gente suele darse cuenta. «Tiene más de 5.000 receptores cutáneos por centímetro cuadrado», dice. Afecciones cutáneas como la rosácea, la psoriasis o la dermatitis deben leerse como intentos de comunicación, argumenta, pero los cosméticos convencionales suelen limitarse a tapar los síntomas. «La cosmética se ha quedado en la punta del iceberg», afirma.
Sobre el estrés y el envejecimiento, Gil señala el estrés como un factor decisivo: eleva el cortisol, que descompone el colágeno y contribuye a la toxicidad sanguínea. Rechaza la idea de emociones «malas» en términos absolutos y dice que lo importante es cómo y desde dónde se experimentan. El estrés es un mecanismo de supervivencia que debe activarse brevemente, apunta, pero en la vida moderna suele ser sostenido y mal metabolizado, por ejemplo, el estrés experimentado sentado frente a un ordenador.
Gil critica el lenguaje y el enfoque de gran parte del marketing de los cuidados tradicionales para la piel. Términos como «antirrugas» o «antic ojeras» presentan procesos naturales como problemas a combatir y, según ella, sugieren que la persona es fea y debe luchar contra su apariencia. En su lugar, aboga por escuchar a la piel y abordar hábitos más amplios como la dieta, el estilo de vida y la coherencia interna.
Su camino hacia este enfoque comenzó tras trabajar como técnica de laboratorio y más tarde abrir una consulta de naturopatía. «Tratábamos las emociones con remedios de flores de Bach y veíamos mejoras en la cara», recuerda. Esa observación la llevó a formular cremas con flores de Bach y a un proceso de investigación de una década que sustenta su trabajo actual.
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: