La trabajadora juvenil advierte del tiempo en pantallas que erosiona los lazos familiares de los adolescentes
Cristina Segura pide a los padres que establezcan normas firmes, den ejemplo y enseñen hábitos digitales equilibrados para proteger el desarrollo y las relaciones de los adolescentes.
Claves
- El tiempo excesivo en pantallas erosiona el pensamiento crítico, hábitos saludables y lazos familiares/amistades de los adolescentes.
- Los adultos deben dar ejemplo con zonas sin pantallas, rituales y supervisión hasta los 16 años.
- Los niños priorizan la atención parental sobre los gadgets a pesar de padres ocupados.
- Los adolescentes necesitan aprender a autorregularse en la desconexión, no una desconexión forzada.
Desde el Punto de Información Juvenil de Encamp, la trabajadora juvenil Cristina Segura ha destacado las crecientes preocupaciones por el uso excesivo de pantallas de los adolescentes y su impacto en los lazos familiares y el desarrollo personal.
En una era dominada por la conectividad constante, Segura señala que la verdadera distancia entre los adolescentes y sus familias no radica en el espacio físico, sino en las notificaciones interminables. Observa a diario cómo la hiperconectividad erosiona el pensamiento crítico y los hábitos saludables de los jóvenes. «Un número significativo de jóvenes pasa demasiado tiempo en pantallas, y la clave es promover un uso equilibrado», dijo. «No nos desconectaremos por completo, pero debemos hacerlo de forma reflexiva».
Segura enfatiza que la responsabilidad recae en los adultos, que han descuidado este problema durante demasiado tiempo. «Somos nosotros los responsables; los jóvenes están sufriendo y llegamos tarde», añadió. Esta generación de adolescentes, argumenta, ha sido ignorada por el desconocimiento previo, a diferencia de los niños más pequeños, cuyos padres están más concienciados. Los efectos van más allá de la concentración y el estado de ánimo, y debilitan las conexiones humanas, incluidas las amistades y los lazos familiares.
Para contrarrestarlo, Segura urge a las familias a establecer normas firmes y consistentes: franjas horarias sin pantallas, zonas sin móviles en casa y rituales compartidos. Crucialmente, los adultos deben dar ejemplo, ya que las restricciones solas no funcionan. Se espera resistencia inicial —«tardan tres semanas de discusiones en que cuaje»—, pero la persistencia da frutos.
La escasez de tiempo agrava el problema, con muchos padres que regresan tarde a casa y no pueden implicarse plenamente. Sin embargo, cuando se les pregunta, los niños priorizan la atención de los padres sobre los gadgets. Para los primeros móviles, Segura aconseja un control parental estricto hasta los 16 años. Aunque la dependencia es generalizada, advierte contra etiquetarlo todo como adicción. «Nos alarmamos tanto que lo clasificamos todo así. Se trata de enseñarles a reconocer cuándo han ido demasiado lejos».
En última instancia, el mensaje de Segura es empoderador: «Los jóvenes no necesitan que los desconectemos nosotros. Necesitan aprender a elegir cuándo desenchufarse».
Fuentes originales
Este articulo se agrego a partir de las siguientes fuentes en catalan: